"Escribir es jugar con las palabras y que las palabras jueguen conmigo, es atrapar imágenes y dejarme soñar, es entrar en las sombras y nombrar sus contornos. Leernos, es una manera de hablarnos. Mis textos, tus comentarios.
lunes, 26 de diciembre de 2011
como de espuma...
martes, 20 de diciembre de 2011
El nombre de la cámara
El deseo y un destino
sábado, 3 de diciembre de 2011
Despedida
lunes, 28 de noviembre de 2011
La ferretera
La misión
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Papel de seda
La mañana entró por el postigo apenas entornado. Bajo la sábana se desperezó la modorra y la tibieza del sol le arrebató los sueños que quedaron sobre la almohada.
Ella despegó la espalda y buscó las chinelas para protegerse del frío. Sus pies rozaron el mármol y se deslizó hasta la cocina como si fuera una hoja de seda flotando en el viento.
El camisón de batista insinúa sus curvas atravesadas por los días sin bocado y las semanas de encierro. Abrió la alacena solo por hacerlo, sin esperanza ni sorpresa.
Hacía un año que la depresión la desvistió para nunca más salir. En todo ese tiempo, los víveres se fueron acabando en forma racionalmente imparable y lo único que entró fue el agua de la cañería.
El ardor en la boca del estómago ya no le hacía ruido y era una sensación tan cotidiana como inevitable, similar a respirar.
Hace ya meses que dejó de inundar las horas con tristezas; ahora son amigas, excelentes amigas, tan amigas como sólo aquellas que no necesitan mirarse para saberse acompañadas.
Juntas repasan las cartas, unas amarillas que muestran la crueldad de un corazón que se escondió en el papel para abandonarla después de haberla enamorado, palabras que se leen y resbalan sobre la piedra lisa de una pasión asesinada, que ella aún recuerda.
Otras, de cartón desteñido y bordes raídos por el manoseo de interminables solitarios, que se suman empujando a los atardeceres para que pasen desapercibidos.
Cuando llegó a la cocina buscó sobre la mesada un poco de la yerba reseca. Se acercó a la hornalla con un jarro con agua. Encendió el fuego y dispuso la preparación del único mate cocido que bebería caliente. Mientras el agua llegaba al punto justo de temperatura detuvo su mirada en la ventana. Tras la mugre del algodón de la cortina percibió una sombra apoyada en el árbol de la vereda. Una sombra demasiado quieta. El agua hirvió y salpicó su mano. Ni siquiera gritó el dolor del líquido en su piel. Puso la yerba, revolvió la infusión de un verde cada vez más deslucido, y se sentó frente a la mesa como siempre.
Sin embargo, no se sintió como acostumbraba. El paisaje permanente que sostenía su quietud había sido modificado. Se acercó otra vez a la ventana. La sombra aún la miraba. ¿ La miraba? Sí, ella así lo sentía. Con los dedos flacos apresuró el borde de la cortina. La sombra cobró nitidez. El cuerpo del hombre le era extraño, pero no su mirada. Soltó la tela, sintió la sangre golpeándole las venas. Se apoyó en la mesada para no caer; la cabeza le daba vueltas y temió perder el conocimiento. Cuando se notó más firme, volvió a correr la cortina y pudo fijar sus ojos en los de él. La piedra lisa se quebró y las lágrimas la encontraron de nuevo.
Como un soplo de vida fue a la puerta, la abrió y el aire jugueteó con la batista.
En los brazos de la sombra cayó un papel de seda.
lunes, 24 de octubre de 2011
Decisión
Tomen asiento señores. Esta vez me van a escuchar, lo harán como si de ésto dependiera el futuro. Es probable que así lo sea.
Todos, sin excepción, siendo de rostros tan diversos, han invadido mi terreno virgen.
Hace años se han pegado a mi sombra, se adentraron en la oscuridad de mis refugios, se apoderaron del temblor de mis palabras y la palidez de mi vergüenza.
Violaron mis sueños, boicotearon mis proyectos, crecieron alimentándose de mis entrañas vulnerables. Hablaron por sobre mi silencio, hicieron de mi murmullo átono su discurso soberbio.
Los conozco. Se sienten invencibles, dueños absolutos, creyentes engreídos que suponen manejar a su antojo personas y destinos.
Los veo actuar hora a hora, día tras día, noche a noche. Incansables y sostenidos.
Señores, hacedores del fracaso y la fatiga, escuchen bien porque hoy es el día que les arrebato su poder, los dejaré tan débiles que ni el aire podrán atravesar.
Se esfumarán para siempre las máscaras perversas de cada uno de ustedes porque a partir de hoy los desplazo de mi vida señores miedos.
Recuerdos
La economía del país toma otra vez su filosa guadaña y sesga los jóvenes sueños. Escucho con octogenaria mansedumbre la decisión de mis nietos. Partirán a sembrar sus quimeras en tierras que prometen fertilidad y cosecha. Se despiden con el abrazo cargado de anhelos y el silencio se hace dueño de mis recuerdos.
Sesenta años me separan de aquel mar que atravesara en pos de una vida de esfuerzo y de progreso. La memoria vuelve a las calles empedradas de aquel pueblo, sombrías y húmedas, empapadas de la miseria que sólo pisa el extranjero.
Allá fui con la promesa a barrer la mugre de los que la hacen pero no quieren recogerla, a curvar la espalda bajo cargas ajenas, a llorar cansancios en una pensión oscura y maloliente.
Los años yermos me trajeron de regreso con el alma tan vacía como el vientre y la boca tan seca como la aridez de la arena.
Volví con los harapos del hambre recostados en el bolso, aquel que partiera rebosante de milagros, ahora escondido en la sordidez de un navío sin escrúpulos donde el sonido de los pistones embadurnados de aceites y combustible se escurría en la oscuridad bajo una sábana sucia, único límite entre mi piel y los dientes de las ratas dueñas de los caños y pasillos.
El agua contaminada del puerto de mi tierra fue la madre que me abrazó al retornar a su seno. Ahora, descanso en su regazo.
Miro las espaldas que se marchan a través de la ventana, no tengo palabras para ellos, que aún no tienen recuerdos que olvidar, ni memorias que elegir.
sábado, 15 de octubre de 2011
Penumbra
sábado, 24 de septiembre de 2011
Como un árbol.
Los plátanos se vistieron con un delicado encaje verde que se teje con fuerza cada día, una fuerza que acumularon en la desnuda soledad del invierno y hoy se expande hacia lo alto y hacia lo ancho aún sabiendo que el vestido glamoroso volverá a caer, no como una pérdida irreparable, sino en una renovación profunda que en cada ciclo lo eleva más, pues la raíz robustece su espíritu en la riqueza oscura del alimento.
Dicen de...
Dicen que los idiotas
creen en los pájaros de colores.
Así me juzgarán entonces
porque creo en el zorzal de pecho naranja
que canta y come en el jardín;
creo en el benteveo con su traje amarillo
y la corona negra enmarcando su cabeza
cuando elige la miga para su nido;
creo en los horneros de ocres suaves
paseando por el césped confiable y verde;
creo en los gorriones menudos e intensos
que picotean migajas entre las briznas;
en el ave majestuosa cuyas plumas
como dedos blancos dibujan alturas en el cielo;
en el amor eterno de las torcazas.
creo en sus mensajes, su presencia,
en sus cantos y trayectos.
Dicen de los ilusos
que viven en las nubes…
ilusa me llamarán entonces
porque mi alma respira bajo las estrellas
y la escucho en el silencio.
Creo en las formas caprichosas
de los vestidos blancos,
creo en la voz del viento,
el grito de la tormenta,
la melodía de la lluvia
y la caricia del rocío.
Dicen de los locos,
que hablan con las cosas…
Protegeme la locura
de escucharte en el roce del follaje,
de alabarte en el sol, rezarte en el árbol
y susurrarte en la luna.
Protegeme la locura
de pensarte en las aves,
amarte en los frutos
y decirte en los ojos mansos del cordero.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Noche oscura - día claro
Una noche oscura
¿Cuanto tiempo es necesario para saber si un sueño es sólo un sueño?
¿Qué cantidad de esperanzas se agotan y renuevan ante la realidad que no cambia?
¿Cómo aprender a distinguir el delirio y la locura?
¿Es la fe un invento que adormece la postergación?
Sin embargo, no puedo dejar de creer... ¿Será que no puedo creer en mí?
Estoy cansada y no se ven estelas detrás. El anhelo parece escaparse. No pude aprender cómo funciona la vida, no interesa tampoco…
El día claro
¿Porqué comenzó el día con las palabras “defender la vida”?
¿Será la respuesta al sentimiento humedecido anoche con lágrimas y sorbos de té verde?
¿Es quizá Dios que habla desde el silencio y grita con las voces de los hombres o susurra en el nacimiento de las hojas?
Otra vez el alma se escurre en el viento, alza su angustia al cielo y deja al sol entibiar su anhelo.
Pero la piel se seca y el deseo quema. El ciclo empuja sin importarle si la tristeza posterga.
La arena corre entre los dedos sin detenerse. Solo a veces me pregunto donde acaba el desierto.
...
¿Qué soy si no soy ahora
lo que fui ayer?
¿Cual sueño me desvela
si la hora venidera no encuentra el mañana?
La aurora se detiene para siempre,
aquello que busca el alma
lo devora un tiempo finito,
y él, perseguido sin prisa
recorre un camino
( que se me antoja)
interminable como la eternidad.
El último viaje
Con la mano sobre mi hombro, no puede avanzar al ritmo de mi movimiento; aún así, sus dedos rozan mi cuello.
Como un atardecer tormentoso, la luz se fue haciendo sombra sin sol que la entibiara. Hace frío y el camino está oscuro, sin embargo, es difícil equivocar el rumbo. Creo que sigue a mi lado. El sendero sugiere un único destino…los desvíos quedaron atrás, muy atrás. Tan atrás como percibo su sombra. ¿Estoy sola?. No encuentro su tibieza en mi cuerpo. Quiero detenerme pero no puedo. Avanzo. En la ruta que transito no hay espacios. Se escapa la noción de lejanía, tampoco puedo ver si estoy cerca….¿cerca de qué? ¿lejos de donde?
Por primera vez tengo miedo. Miro alrededor, casi ni me encuentro; no hay lugar, no hay tiempos. Sólo silencio.
Y yo, con la nada, inmensamente quietas.
La niña
La luna, solapada, observa por entre los cuerpos tormentosos a la niña que tantas noches le hablara.
El muelle sostiene sin esfuerzo la silueta mínima que había huido de la casa en busca de consuelo y de silencio.
Con la cabeza caída, pronuncia uno a uno los dolores pintados en el cuerpo; títeres negros descansando en sus hombros, rodilla de súplica morada y un labio partido por la sangre de la vergüenza.
El río grita su furia y el viento, cómplice, se compadece.
Cae la niña y el agua, sinuosa, acaricia y lava cada herida. Ella encuentra el silencio allí en la oscuridad que le ilumina el rostro, y sonríe.
El universo
Tantos todos de infinitas partes,
partísimas idénticas de una diversidad interminable.
El uno marca lo único, el dos se abraza
y el infinito se multiplica.
Cada sol empuja los sueños de una misma luna,
los cuantos danzan en el océano y el abismo.
Nubes en el cielo, también en el útero,
es piel de electrones de curiosas texturas,
la misma que llora toda materia,
sea la primera estrella, o sea la última herida.
El lugar
Sólo escucho el murmullo interno. Se me antoja que tras el hierro pintado hay algo que no puedo siquiera imaginar. Me extraña que nadie busque la salida. Todos actúan con una normalidad casi excéntrica. Me pregunto porqué hay hombres apostados en las esquinas. ¿Son guardias? ¿Hay motivos para defenderse? No pareciéramos representar ninguna amenaza, casi da risa de sólo pensarlo. Tal vez exista un peligro afuera. No podemos salir, lo se porque me lo impidieron. ¿Nos están protegiendo? ¿Cual es el riesgo?
Las preguntas son mías, sólo mías. La mayoría de los hombres dormitan en el suelo; las mujeres, agrupadas, susurran lágrimas y gimoteos; los más jóvenes mastican astillas de madera y los niños, como siempre, ajenos.
Decidí ser parte del ambiente, ocupé una silla próxima a la única mesa, apoyé la cabeza en mis manos, y me dejé abandonado.
Un ruido ensordecedor ocupó el vacío. Miré en derredor. Todo estaba igual de quieto. Entorné los párpados y una luz escandalosa quebró mi penumbra. Busqué desesperado con los ojos tan abiertos. Todo estaba igual de sombrío. Con terror cubrí mi cabeza bajo los brazos. Los gritos y aullidos me enloquecieron. Me levanté trastabillando. Todo estaba tan sereno. Corrí. Golpee con fuerza cada pedazo de hierro sin saber si era pared, puerta o ventana violada. Me sudaron las manos y un escalofrío se alojó en mi espalda. Grité hasta que la voz me dejara.
- ¡ No quiero morir! ¡ Sáquenme! ¡ No quiero morir!
Entonces, sólo me miraron, primero con cierto recelo. Rieron. Les devolví la mirada, con atención y sorpresa. Lo supe entonces. Estamos muertos. ¿Es este el averno?
Teatro
Parpadean las sombras vestidas de amarillo,
La flauta traversa hilvana melodías en el telón que abarca los sonidos.
Una voz, escondida en los parlantes, susurra.
Los duendes salen a escena y danzan recortando figuras extrañas bajo la bóveda que los cobija.
La ilusa
Me senté en el banco de la plaza tiritando bajo el sol tibio de un atardecer de invierno.
La tristeza y la rabia, conjugadas en llanto, humedecieron la bufanda tejida por la miseria. No encontré coraje en mi espíritu agotado.
Debí haber gritado, sacudido su inercia, atacar su soberbia, pero las palabras me esquivaron ahogadas por el estupor y la vergüenza.
El me expulsó como se echan a las ratas. Y había dicho amarme. Yo, nunca lo hice. Pagué con mi piel sus deudas, serví con mis noches sus vicios y mi hambre sació la suya.
Pero él, había dicho amarme.
sábado, 18 de junio de 2011
Lo que se va
miércoles, 11 de mayo de 2011
Descarno
Solo azul
maduran las moras,
los racimos se mecen
sobre un fresco arco iris.
Se abrazan las sombras
detrás de los abedules
y fluye de las piedras,
un cielo cristalino.
Los reflejos muerden
las aguas oscuras...
ahogan tristezas
de una lejana orilla.
La angustia de la Parca
Los cuerpos que amé son apenas un recuerdo y los besos sepultaron su aliento dejando en mis labios un efímero sabor a entierro.