Abrir los ojos temprano, cuando ni siquiera el sol se asoma, aunque el reloj indique que el nuevo día comenzó hace rato.
El aroma del café recién preparado, o el silbido de la pava cantando a viva voz, el pan casero tostándose lentamente son la bienvenida al primer momento de vigilia.
La luz quiere hacerse ver; entre los árboles se percibe el boceto de un sol transformando la oscuridad hasta alcanzar el brillo de la mañana.
El horizonte se destaca por la originalidad que le otorga cada día. Nada se repite en el ritual del amanecer. Nada es igual.
Tampoco nosotros.
En este tiempo amaneciendo, el silencio nos invita a la reflexión, a contemplar con el alma hasta hacernos parte de la novedad, de la intimidad que nos habita en este nuevo despertar.
Buenos Aires, 20 de marzo 2026
