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miércoles, 25 de febrero de 2026

El día que lo cambia todo

 En la vida siempre hay un día que lo cambia todo, sin previo aviso ni notificación que lo anticipe.

Ese día, todo lo hasta el momento conocido, aquello donde en general se apoya la vida misma, los sueños y los proyectos, todo desaparece. El sostén se desmorona.

Quedamos sumergidos en una nube espesa, sin poder ver más allá de nosotros, con nada para tocar y rodeados de un aire que escasea. A partir de ese día, vivir se vuelve una persistente incerteza, una duda que habita en cada decisión, en cada opción si la opción cabe nuevamente. 

¿Cómo construir sobre ese humo que nos rodea y que apenas en algún momento disimula disiparse?

Nada nos prepara para ese día, pero ese día está en nuestra memoria y sobre lo que queda de ese día hay que reconstruir, olvidando el plano original porque nada es ni será igual.

¿ Y qué queda? - pregunta la duda.

Quedamos nosotros, cada uno.

Entonces nos miramos sin reconocernos. Comienza la aventura, el armado, la re construcción, tantear lo posible, buscar el día, el nuevo, o dejar que el nuevo día nos encuentre, y seguir, seguir soñando, seguir generando proyectos, seguir siendo nuevos y novedosos, porque aquel día, el día que lo cambió todo, no fue el último día.



Buenos Aires, 25 de febrero 2026


martes, 21 de diciembre de 2021

Camino a mí

 Silencio, soledad, lentamente voy entrando en ese espacio que nos pertenece, donde llorarnos en el encuentro, penar nuestros miedos, fracasos o inciertos. Dejar que la noche nos habite y murmurar extasiados ante la sencilla majestuosidad de las estrellas...dejar que viaje la historia para hacerse futuro tangible, y quizá, despierte fervoroso el espíritu honesto, único vehículo hacia la plenitud.


Camino, busco, derramo miedos y riego certezas, poemas de Juana, casi un alma gemela, imagen viva y corazón de letras.


Me encuentro, lo encuentro, le pido sacie la sed de mis anhelos, la pasión por la raíz, por el árbol,  el silencio del alma sólo quebrado por el canto de un tero, la alegría de la calandria o el llamado del cordero. Me mira en los ojos de un perro y me adivina en la mirada del caballo.


Una y única en el espacio, mi voz gritó con fuerza y certeza, habló el corazón sin detenerse. Y así hoy, me encuentro, me dejo ser, me vacío y me habito, me callo y me nombro, me espero.

En pronto tiempo, me espero, y me hallo.