sábado, 29 de agosto de 2026

Familia

 

Es tarde. Ella prepara la cena, él, corta leña.

Luisa, de diecisiete años y mirada baja pone la mesa.

Con las manos aún sucias, guarda el hacha y entra sin palabras. Se enjuaga las manos y empieza a cortar el pan después de llenar el vaso de vino del cual bebe con avidez. Luisa levanta la mirada, sólo de reojo para que no se note que los ojos se le llenan de miedo y la mueca en sus labios que tiemblan.

La mujer apoya la olla caliente sobre una tabla en la mesa, sirve los platos y los alcanza, a él frente a ella, a su hija con la cabeza gacha.

Todos miran al guisado comiendo de a cucharas y como si ninguno de los otros estuviera.

La jarra de agua se va vaciando entre dos vasos, y la damajuana se inclina sobre el tercero hasta quedar sedienta.

Los ojos de las mujeres apenas se animan a dejar la mesa.

Él, limpia su boca con el repasador, se levanta, y sin mirar a Luisa le dice:

-    - Nena, ¡vení!

La madre queda sola levantando la mesa, lavando los platos y llorando impotencia.



Los laureles, Saladillo, 29 de agosto 2026

viernes, 28 de agosto de 2026

Mate y algo más

 Un sorbo, silencio;

otro sorbo, gritan las cotorras;

cebar de nuevo, vuela el chimango;

amargo lento, muge la hacienda a lo lejos;

calabaza llena, eucalipto erecto;

hojitas secas, verde vibrante la pradera;

pancita tibia, alma plena,



Los Laureles, Saladillo, 28 de agosto 2026

sábado, 22 de agosto de 2026

Los habitantes del jardín

 La luz se apoya sobre los malvones rojos, acaricia las hojas del perejil y abraza la redondez de los limones.

La lavanda y el romero soplan sus esencias ni bien el roce de la brisa las alcanza.

Las camelias visten al invierno sobre la pared blanca bajo el farol de hierro.

En tanto el aguaribay cobija la sombra con la delicadeza de su copa tenue y aromática.

La dama de noche brota anticipando su perfume en primavera mientras la reina de la noche se alza haciendo caso omiso de la maceta de donde se alimenta para acompañar a las estrellas con su flor blanca y efímera.

Un poco más allá, junto a la puerta, el olivo, aún pequeño pero tenaz en su crecimiento, prepara su porte para honrar el silencio de la oración y la riqueza de sus frutos.

Protegido por la imagen de la Virgen de Luján, a sus pies va queriendo hacerse árbol  el joven níspero.

Silenciosos, aún desnudos por la poda, los rosales se preparan para entregar perfume, color y belleza a este pedacito de tierra.

Honrando la imagen del Sagrado Corazón, tomó lugar el ginkgo biloba, uniéndose como vencedores de la muerte y la desolación.

Las azaleas blancas y rosadas hacen alarde de exuberante presencia en primavera para dejar grabada en el jardín la belleza de su ausencia.

Entre todos ellos, las clivias, los geranios, la glicina, el césped es bendecido por el paso callado de los ángeles y la mano amorosa del Creador.



Buenos Aires, 22 de agosto de 2026

De repente...

 Una imagen, un papel, una firma, una epicrisis...una fecha o un sonido bastan para que el dolor vuelva, las lágrimas se derramen más allá de la aceptación inevitable dada la realidad de cada mañana sin mirada, cada instante sin caricia, frío sin abrazo. 
Es el dolor de una ausencia de piel y es la serenidad de la presencia que prescinde de los sentidos, que late y se acomoda en sintonía con el amor que aún, y por siempre, vive y seguirá viviendo.



Buenos Aires, 22 de agosto de 2026