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sábado, 22 de agosto de 2026

De repente...

 Una imagen, un papel, una firma, una epicrisis...una fecha o un sonido bastan para que el dolor vuelva, las lágrimas se derramen más allá de la aceptación inevitable dada la realidad de cada mañana sin mirada, cada instante sin caricia, frío sin abrazo. 
Es el dolor de una ausencia de piel y es la serenidad de la presencia que prescinde de los sentidos, que late y se acomoda en sintonía con el amor que aún, y por siempre, vive y seguirá viviendo.



Buenos Aires, 22 de agosto de 2026

miércoles, 22 de julio de 2026

El baile de las flores

 La tierra rica las alimentó hasta que rasgaron su piel para echar raíces. Se alzaron lentamente hasta derrotar a la superficie y sorprenderse bajo el sol tibio de primavera.

Uno engrosó su cuerpo y extendió sus raíces con la avidez del hambriento; la otra, decidida en su fragilidad, lucía un verde suave e intenso, esbelta, abría sus raíces con la delicadeza de quien sabe a donde va.

En las noches frescas hacían bullir cada uno lo que el día les había ofrecido poniendo todas sus fuerzas en el desarrollo que las hizo madurar y verse por primera vez bajo un sol radiante de una mañana de octubre.

El tiene unos brazos largos y fuertes, cara redonda oscura como la tierra  y ella, delicada, de mirada más clara, casi del color del sol, con su cabello blanco enmarcando la redondez perfecta de su rostro.

Se observaron con admiración. La luz sombreó una sonrisa en cada uno. Con la brisa como aliada, movieron sus cuerpos con vaivenes seductores hasta que el anochecer los sorprendió.

Entonces él, bastante más alto, inclinó su cabeza hacia ella como un acto de admiración y entrega, ella se mantuvo erguida aceptando la ofrenda.

La tierra recibió la luz de las estrellas y ellos quedaron quietos, amándose en silencio; en tanto sus raíces siguieron avanzando a oscuras animadas por la riqueza. Se tocaron allí en lo profundo. La savia se agitó hasta estremecer sus cuerpos.

Las raíces se enredaron de tal forma que si uno de ellos fuera arrancado, el otro moriría sin remedio.

Y aunque para el aire y el sol sigan siendo dos flores distintas, diferentes, en la profunda oscuridad son un solo amor eterno.



Buenos Aires, 23 de julio de 2026

jueves, 30 de abril de 2026

A tu nombre

 Te hiciste flor y color para alegrar la ventana,

te hiciste zorzal y benteveo para cantar en el jardín a viva voz,

luna para iluminar la noche y proteger el sueño, 

brisa para abrazar de nuevo,

hoguera para avivar recuerdos, ,

huella para marcar camino,

No fue pérdida,

no es ausencia.

Es amor siendo eternidad.



Buenos Aires, 30 de abril de 2026



miércoles, 18 de diciembre de 2024

En algún tiempo...

 Si estás triste y no me ves

sonreiré para vos en los días

tibios y besaré tus labios con el sol
de las tardes frías.
Si me nombras,
vendré en el viento a abrazarte
y aún en las noches sin luna
brillaré en toda estrella
que mires,
bailaré en la llama del fogón,
y seré el aroma de la leña ardiendo.
Si tiemblas en el silencio de la soledad
tomaré la voz del zorzal y cantaré cerca a tu ventana,
en el benteveo vendré a verte,
dejame una miga
y alza tu mirada.
Porque no me fui.
Sigo estando en todo aquello que amas.
Encontrame en el sol que atardece,
en la noche estrellada y en la luna,
bajo el árbol centenario, en la rosa perfumada,
en el canto del zorzal, de la calandria y el benteveo,
en el resplandor del fuego.

donde siempre gozamos juntos…
te amo…
no te detengas…
Anda el camino que has de caminar…
Sigue andando…


editada el 17 de diciembre 2024 , 36° aniversario de bodas

Hace mucho tiempo lo escribí para vos sin imaginar que hoy serías vos quien me hablaría así. Te quiero.

jueves, 12 de diciembre de 2024

Seguir sanando

 El cielo sigue tan azul a pesar de mis lágrimas y el aire diáfano no se perturba ante mis sollozos.

Miro al aguaribay...dará pimientas este año? tal vez sólo allí en lo más alto donde no las pueda ver, menos tomarlas.

Los rosales florecen, así las lavandas y los malvones, los jazmines del cabo con su vestido blanco siguen perfumando cada diciembre. El pasto crece, la luna brilla y el  sol calienta sin detenerse ..todo vive, todo sigue viviendo...si hasta del granizo la tierra vuelve a intentarlo y logra dar frutos; la sequía resquebraja ilusiones, pero el tiempo y la espera empapan las estrías y la semilla otra vez se alimenta.

Vida, siempre es la vida, aún cuando la muerte nos toca. El se fue, en un instante trágico y contundente bebió la muerte.

La oscuridad se hizo dueña de los días. El pasto crece, los rosales florecen y el sol calienta sin detenerse.

La vida, siempre es la vida.

El corazón arde, aún entre las lágrimas y la sonrisa que la memoria y los recuerdos nos traen.

La vida, cantar a viva voz y en cada instante:" GRACIAS A LA VIDA", a la vivida, y a la por vivir.


11 de diciembre 2024, en Buenos Aires, en Los Laureles, en el alma

miércoles, 9 de octubre de 2013

Amor en letras

Otra vez se hizo de noche. La luz se detuvo señalando el teclado de la computadora. Los dedos apoyados entre la “a” y la “ñ” continúan inmóviles. La protagonista sigue esperando. ¿Debía correr hacia la izquierda?   ¿Permanecería estática y temerosa? ¿La salvaría un transeúnte ocasional?  Desde el mediodía que está con la cabeza mirando hacia atrás, cuando el autor decidió que ella percibiera a sus perseguidores. Ya le duele el cuello, y el sol que no avanza en este párrafo inconcluso le hace sudar la nuca. Con el rabillo del ojo espía hacia afuera. Ve la mano del escritor quieta. Le grita, pero las letras no le hacen caso y así como estaban, quedan.
 – Despabilate! protesta otra vez con voz inaudible para todo aquel que está fuera de escena. Nada cambia, ni la luz de la lámpara, ni el silencio, ni la inmovilidad de los dedos. Entonces, toma la decisión, arrancándose una a una las letras, borrando de su piel cada trazo, partida de dolor y aferrada a una convicción atraviesa la pantalla.
-          ¿Qué hiciste? - exclama el escritor frente a la silueta que lo encara.
Ella lo mira un poco sorprendida. Se lo había imaginado tan distinto. No tiene el pelo cano como suponía, y la mirada tan verde la cautiva. No es joven, parece tener la edad en que los surcos se esbozan y nos invitan a ser recorridos. Ella le toca el cabello oscuro y la suavidad ondula entre sus dedos.
-          ¿Que haces? – él murmulla sin retirar la cabeza.
No sabe cómo responderle. Apenas le dice: “Estaba esperándote”.
El entonces recuerda que le dolía imaginar que la atacaran, o la lastimaran, o que aquel que podía llegar a salvarla, a quien todos creían un hombre honesto y gentil, bien sabía él que era un asesino. Los demás, los de adentro y los de afuera de las páginas, lo sabrían unas líneas antes del epílogo.
Pero cómo explicarle a ella, tan frágil, tan tierna, tan sí misma.
-          Te estaba esperando mientras me perseguían. Estaba cansada. – le explicó ella, y tan ligera como un suspiro se acomodó en el regazo de él. Ambos quedaron con el rostro iluminado por la luz fría de la pantalla.
-          No quería verte sufrir. No soportaba la idea de que te lastimaran – comenzó a justificarse.
-          Entonces hubieras evitado la persecución y el arrebato –interrumpió ella con cierto tono de evidente conclusión.
-          No podría vivir – susurró él con la barbilla sumergida en la oscuridad del cuello.
-          ¿Qué decís? -
-           Si no hay violencia,- prosiguió con tristeza -  la novela no se vende, si no se toca cierto grado de atrocidad, los editores no encuentran negocio, y yo, necesito vivir.
Con los ojos tan finos como un papel de seda, ella vio bajar sin detenerse dos lágrimas de impotencia.
-          Te quiero tanto – susurró él sin detener el llanto.
Ella se incorporó. Con las manos le secó las mejillas. Y no dudó. Atravesó desgarrada otra vez la pantalla. La tinta punzaba cada uno de sus poros y los hacía herida.
Ella volvió a mirar a sus perseguidores. Supuso los dedos inmóviles. Dio media vuelta y dejó que la atacaran con violencia, para que él viviera.