sábado, 22 de agosto de 2026

De repente...

 Una imagen, un papel, una firma, una epicrisis...una fecha o un sonido bastan para que el dolor vuelva, las lágrimas se derramen más allá de la aceptación inevitable dada la realidad de cada mañana sin mirada, cada instante sin caricia, frío sin abrazo. 
Es el dolor de una ausencia de piel y es la serenidad de la presencia que prescinde de los sentidos, que late y se acomoda en sintonía con el amor que aún, y por siempre, vive y seguirá viviendo.



Buenos Aires, 22 de agosto de 2026

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