sábado, 22 de agosto de 2026

Los habitantes del jardín

 La luz se apoya sobre los malvones rojos, acaricia las hojas del perejil y abraza la redondez de los limones.

La lavanda y el romero soplan sus esencias ni bien el roce de la brisa las alcanza.

Las camelias visten al invierno sobre la pared blanca bajo el farol de hierro.

En tanto el aguaribay cobija la sombra con la delicadeza de su copa tenue y aromática.

La dama de noche brota anticipando su perfume en primavera mientras la reina de la noche se alza haciendo caso omiso de la maceta de donde se alimenta para acompañar a las estrellas con su flor blanca y efímera.

Un poco más allá, junto a la puerta, el olivo, aún pequeño pero tenaz en su crecimiento, prepara su porte para honrar el silencio de la oración y la riqueza de sus frutos.

Protegido por la imagen de la Virgen de Luján, a sus pies va queriendo hacerse árbol  el joven níspero.

Silenciosos, aún desnudos por la poda, los rosales se preparan para entregar perfume, color y belleza a este pedacito de tierra.

Honrando la imagen del Sagrado Corazón, tomó lugar el ginkgo biloba, uniéndose como vencedores de la muerte y la desolación.

Las azaleas blancas y rosadas hacen alarde de exuberante presencia en primavera para dejar grabada en el jardín la belleza de su ausencia.

Entre todos ellos, las clivias, los geranios, la glicina, el césped es bendecido por el paso callado de los ángeles y la mano amorosa del Creador.



Buenos Aires, 22 de agosto de 2026

1 comentario:

Isidora dijo...

Cierro los ojos y me veo en medio del paraíso...