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sábado, 22 de agosto de 2026

Los habitantes del jardín

 La luz se apoya sobre los malvones rojos, acaricia las hojas del perejil y abraza la redondez de los limones.

La lavanda y el romero soplan sus esencias ni bien el roce de la brisa las alcanza.

Las camelias visten al invierno sobre la pared blanca bajo el farol de hierro.

En tanto el aguaribay cobija la sombra con la delicadeza de su copa tenue y aromática.

La dama de noche brota anticipando su perfume en primavera mientras la reina de la noche se alza haciendo caso omiso de la maceta de donde se alimenta para acompañar a las estrellas con su flor blanca y efímera.

Un poco más allá, junto a la puerta, el olivo, aún pequeño pero tenaz en su crecimiento, prepara su porte para honrar el silencio de la oración y la riqueza de sus frutos.

Protegido por la imagen de la Virgen de Luján, a sus pies va queriendo hacerse árbol  el joven níspero.

Silenciosos, aún desnudos por la poda, los rosales se preparan para entregar perfume, color y belleza a este pedacito de tierra.

Honrando la imagen del Sagrado Corazón, tomó lugar el ginkgo biloba, uniéndose como vencedores de la muerte y la desolación.

Las azaleas blancas y rosadas hacen alarde de exuberante presencia en primavera para dejar grabada en el jardín la belleza de su ausencia.

Entre todos ellos, las clivias, los geranios, la glicina, el césped es bendecido por el paso callado de los ángeles y la mano amorosa del Creador.



Buenos Aires, 22 de agosto de 2026

jueves, 18 de septiembre de 2025

Al día siguiente

 Otro día gris. Se adelantó la lluvia, se posterga la plantación de los frutales y el corte del césped.

Temprano la mañana apenas permitió recoger algo de lechuga y un poco de acelga. Verdura fresca para una ensalada o una tortillita acompañando al mediodía que se va acercando.

Hace fuerza el sol y ya casi siendo las dos de la tarde el cielo se aclaró y la luz ahora toca cálida cada rincón, cada charco, cada hoja.

El tiempo permitió que llegaran las plantas nuevas. Aún esperan en sus macetas, llenas de azahares que perfuman la cercanía.. Los quinoteros trajeron de regalo un par de frutos de color intenso. Todo brilla y aromatiza el alma.

Agradezco a cada una y le doy la bienvenida. Les pido que sean generosas con sus frutos y confío en la tierra.

El perfume de los azahares me trajo nuevamente la imagen del sueño insistente del hombre de campera azul y gorra repartiendo frutas que su mujer acomodó en una canasta en la cocina que huele a naranjas y mermeladas.

La nostalgia se acurrucó junto a la gratitud.

Quedó muda la tarde, con su sol, sus flores y su esperanza.



Los laureles, Saladillo, 18 septiembre 2025