domingo, 24 de mayo de 2026

el reflejo

 En el vidrio de la mesa se refleja la ventana, y a través de la ventana, los árboles de la calle sobre trocitos de cielo celeste en una mañana fría y clara de otoño.

Las luces y las sombras juegan en el vidrio de la mesa según sea el movimiento del sol en su trayecto matutino.

Resulta tan extraño mirar la mesa y ver árboles, tocar el vidrio y no sentir el sol sobre las hojas sino un frío que no les pertenece.

Entonces me pregunto sobre lo que estoy viendo..es real?

Los árboles son reales, sus hojas, sus ramas, el cielo que las contiene, pero no es la realidad del vidrio sobre la madera, donde yo las veo...lo que estoy viendo, ¿ es una imagen irreal de lo real?

Lo real se hace irreal por medio de un reflejo, y el reflejo existe por una luz que toque lo real y un lugar donde se pose la imagen para ser vista.

Sigo mirando la mesa con su vidrio arbolado y ahora la mente sigue el curso de los pensamientos más allá de las ramas y sus hojas.

¿Es acaso el reflejo en el vidrio una metáfora de la realidad en la que supuestamente vivo?

¿Es la realidad que percibo una imagen irreal reflejada en mis principios, mis valores adquiridos o construidos, mis criterios para ver un mundo, un entorno sobre el cual opino, juzgo y determino?

¿Es la realidad la que interpreto, o un reflejo de elaboración personal de lo real?

Recuerdo las sombras en la caverna...

No encuentro la respuesta, o tal vez, me de temor encontrarla.



Los Laurekes, Saladillo, 24 de mayo de 2026

sábado, 9 de mayo de 2026

Una historia entre tantas

Sólo una vez caminó los límites de su chacra. Una sola vez cuando hacía poco tiempo la habían adquirido. Fue después de una época de sequía lo que le hizo imaginar en su ignorancia proyectos para esa tierra prometida, hasta que llegaron las lluvias y arrebataron gran parte de sus sueños, ahogados ahora bajo la realidad de los bajos de su tierra. Grandes charcos sepultaron la posibilidad de alguna siembra. Y lo que resta de tierra es para unas vacas ajenas por lo que cobran un simbólico alquiler.

Pusieron mucho trabajo recuperando el monte, reparando, agregando, ordenando; trabajo recompensado en momentos inolvidables como los almuerzos en la galería, o las cenas ante la salamandra o la copa de vino bajo la luna o frente al hogar iluminando miradas, abrazos, silencios que hablan, la intimidad.

Pero así como los bajos sepultaron ideas, también las recompensas compartidas quedaron enterradas junto a ellas en un momento dolorosamente inolvidable.

Ya van más de doce meses de elaborar un trabajo distinto, nuevo, el de hallar otros momentos de alegría y de paz, ahora con un único plato en la galería, una solitaria copa de vino frente al hogar, la mirada que sólo se cruza con el horizonte y la intimidad consigo mismo.

Pensó en volver a caminar los límites de la tierra, en dejar que vengan otras ideas.

Decidió entender el miedo para apaciguarlo y podar las ramas secas para aceptar el pasado, remover la tierra, abonarla para estar presente en el presente, echar semillas y colocar plantines para creer en un futuro sin la certeza de vivirlo.

Su historia es una más entre tantas historias, un pequeño pedazo de tierra de los millones de hectáreas de suelo, un tiempo dentro de todos los tiempos.

Es vivir.

Una mañana fría de sol de otoño salió a caminar por segunda vez después de tanto tiempo los límites de su chacra, sin imponerse proyectos sino dejando que los charcos, los cardos, los chimangos, el monte, los altos y los bajos le hablen, le susurren el secreto que su tierra esconde, allí donde le ofrece su riqueza. 

La percibió distinta, como si fuera nueva. Se hizo cargo de lo que la tierra habló en esa mañana otoñal de silencio y pudo hacerse uno con ella. Aceptar su misterio y su riqueza para dejar serla y que florezca.

Halló en su tierra nuevos momentos de alegría, de paz, de belleza. 

Es una historia, un pedazo de vida, como otras tantas vidas, como otras tantas historias que se resignifican cada día.

 



Los laureles, Saladillo, 09 de mayo de 2026


martes, 5 de mayo de 2026

Hombre de campo

 A lo lejos se distingue su andar lento arrimando las vacas al potrero que aún tiene resto.

La boina clavada hacia un lado de la cabeza dejando apenas a la vista sus ojos claros, casi siempre entrecerrados, tal vez por costumbre de andar caminando bajo el sol del mediodía, tal vez por afinar la vista para reconocer estrellas.

Se lo ve por las mañanas dando fuerza al molino para llenar los bebederos y no hay alambrado que deje caído. Con la habilidad de quien aprendió temprano, endereza postes, ajusta esquineros, repara tranqueras y tranquerones. La hacienda, por poca que anda siendo, no se le escapa. La controla y la cuida porque la sabe fuente de su sustento.

No se lo ha visto matear en el campo, pero agradece sonriendo la botella de vino que recibe por un favor correspondido.

Se lo supone solitario, de poca palabra, amable en sus modos, atento a dar ayuda a quien se le cruza y la necesita.

Su edad tiene a los vecinos intrigados. Las señales en su piel indican que no es joven, y la vejez no lo define.

Hombre de campo le dicen en el pueblo.

Hombre de campo él mismo se nombra.

Hombre de silencio, de rutina, de mate solitario y vino ligero. 

Hombre cuyo sustento es para muchos alimento.



Los laureles, Saladillo, 05 de mayo de 2026

lunes, 4 de mayo de 2026

Dia del trabajador

Se desperezó en la cama temprano. Es viernes, pero a diferencia de otros viernes, hoy es dueño de sus horas. Hoy no hay despertador, ni horario de entrada ni de salida, ni tiempo acotado para el almuerzo. Hoy es primero de mayo, día internacional del trabajador.

Es extraña la sensación de  que en muchas partes del mundo haya hombres y mujeres celebrando este día, día que allá por 1883, en una tierra lejana a este paraje de la provincia de Buenos Aires, unos cuantos trabajadores conquistaron el jornal de ocho horas dejando su sangre en ello.

Es un día soleado. Se levanta sin apuro a despertarse con el café recién preparado. - Hay tiempo - se dice - Hay tiempo para todo- repite.

Aprovecha la mañana para acomodar el rancho, airear, poner a lavar la ropa acumulada en la semana, y ya cerca al mediodía sale con su banco de madera a matear tranquilo rodeado de sus perros, sus gatos, y algo más lejos, las pocas vacas que pastorean. 

Bajo la sombra que proyecta el fresno sobre la pequeña galería, a resguardo de una brisa fresca y de un sol amable, fija su mirada en el horizonte que tantos viernes le es vedado contemplar por la jornada laboral.

Las manos sostienen el mate, algo arrugadas por la edad, algo suaves, algo secas, siempre fuertes, siempre atentas.

Recordó su primer día de trabajo en el negocio. Comenzó como ayudante para acomodar el depósito con olor a herramientas, clavos, tornillos, frascos con líquidos de aroma penetrante.

Tenía apenas dieciseis años cuando después de trabajar en el campo durante cuatro años como peón de segunda, logró conseguir el empleo en el pueblo, lo que le permitió sobre todo, terminar la escuela.

Fue hace más de treinta años le marcó la memoria.

El fue creciendo, así como el negocio y las tareas se fueron ampliando en responsabilidad y conocimiento.

En medio de los recuerdos, no pudo más que sonreír reconociendo con orgullo que no hay rincón del negocio ni objeto que se ofrezca que él no conozca o que le depare algún misterio.

La madurez fue borrándole la timidez primera, y hoy, detrás del mostrador saluda a cada cliente por su nombre y con su historia. Cuando alguno frecuenta el negocio por primera vez, él se encarga con pocas palabras y mucha empatía que se sienta rápidamente amigo de la casa.

Con esos pensamientos fue vaciando el termo mientras se pasaba la hora de una siesta tardía, pero hoy, bien merecida.

Así fue que después de dormir, se levantó como para acompañar la hora del crepúsculo, hora especial de naranjas y azules tornándose en negro profundo.

Se quedó afuera hasta que las estrellas se reflejaron en el vidrio de la ventana.

Sacó galleta de la bolsa,  un vaso de la alacena que llenó de vino y cortó lonjas de un trozo de carne asada algún otro día..

Con eso calló al hambre que le cantaba en el estómago.

La noche estaba linda. Salió de nuevo a la galería y quedó prendido de la luna junto a sus memorias y recuerdos.

Mañana habrá que salir de nuevo, mañana ya no serán suyas todas las horas, mañana temprano vuelve a abrir el negocio, y vendrán los clientes, los amigos, los de siempre, los de "a partir de ahora".

Con sus manos volverá a envolver tornillos, a ajustar tuercas, recomendar herramientas, separar martillos, ofrecer llaves y desparramar empatía.



Los laureles, Saladillo, 03 de mayo de 2026