A Laura se le
ha dado por el veganismo o no se qué otra cosa. Cada vez limita más lo que
come. ¡El otro día tampoco quiso comer una ensalada de lechuga que le preparé
especialmente cuando nos reunimos en casa! Con las chicas comentamos que desde
que dijo que no iba a comer más carne, siguió con los huevos, hasta ahora que
apenas come, está cada vez más irascible, nerviosa, flaca y hasta se la nota
triste.
La verdad es
que esta moda de empezar a comer “sano”, de la cual Laura parece ser una
acérrima seguidora nos está hartando a todas y si le decimos algo se enoja o se
queda callada, lo que nos fastidia aún más.
La vemos
pálida, desganada, le insistimos de buena manera a que modifique este estilo de
alimentación que vemos no le hace nada bien. Es una muy buena amiga. Crecimos
juntas, la queremos mucho, pero su actitud cada vez nos aleja más. Las últimas
veces que organizamos una salida, no la llamamos. No me siento bien por lo que
hicimos, pero no puedo dejar de sentir que es un alivio, que sin ella la salida
es más divertida.
Así fue como
poco a poco la fuimos viendo menos, de vez en cuando un mensaje por whatsapp, y
muy de vez en cuando, compartíamos un té.
La última
vez, se levantó apurada después de tomar sólo agua diciendo que tenía un
compromiso. Nada más raro en Laura.
Se fue caminando como si fuera un espejismo. Las chicas se quedaron pidiendo una porción de torta Sacher, toda una tentación en esa confitería, pero yo no pude. Me levanté, y sin decir nada la seguí a Laura hasta el Hospital Militar, a la sala de quimioterapia.
Buenos Aires, 28 de septiembre de 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario