sábado, 29 de agosto de 2026

Familia

 

Es tarde. Ella prepara la cena, él, corta leña.

Luisa, de diecisiete años y mirada baja pone la mesa.

Con las manos aún sucias, guarda el hacha y entra sin palabras. Se enjuaga las manos y empieza a cortar el pan después de llenar el vaso de vino del cual bebe con avidez. Luisa levanta la mirada, sólo de reojo para que no se note que los ojos se le llenan de miedo y la mueca en sus labios que tiemblan.

La mujer apoya la olla caliente sobre una tabla en la mesa, sirve los platos y los alcanza, a él frente a ella, a su hija con la cabeza gacha.

Todos miran al guisado comiendo de a cucharas y como si ninguno de los otros estuviera.

La jarra de agua se va vaciando entre dos vasos, y la damajuana se inclina sobre el tercero hasta quedar sedienta.

Los ojos de las mujeres apenas se animan a dejar la mesa.

Él, limpia su boca con el repasador, se levanta, y sin mirar a Luisa le dice:

-    - Nena, ¡vení!

La madre queda sola levantando la mesa, lavando los platos y llorando impotencia.



Los laureles, Saladillo, 29 de agosto 2026

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