La brisa corre fresca y el sol entibia mi espalda. Es un día nuevo y el corazón se percibe más sereno.
La tarde se fue nublando con el empuje del viento norte que trajo también a las moscas.
El camino ancho bordeando la hilera de álamos abrió el paso para llegar a los frutales: mandarinos, pequeños naranjos y pomelos, quinoteros que apenas se alzan desde el suelo, todos ellos ávidos de nutrientes que la sequía les niega. No alcanza la hora de manguera...
Las hojas se retuercen como gritando al cielo.
Son tiempos, son ciclos, tantos días ahogados por un agua implacable, tormentas interminables, y ahora estos días de sed recalcitrante, de tierras agrietadas, de brisa y sol ardiente, de confusión y de incerteza...tiempos.
Son tiempos y ciclos, llenos de dudas y miedos.
Veo el camino abierto para ser transitado. Hacerlo aceptando los pasos de cada tiempo y cada ciclo, me permite vislumbrar con alegría y sin miedos un destino.
Los Laureles, Saladillo, 15 de febrero 2026
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