A través del parlante se escapan melodías y silencios. Es una tarde de cielo neto y sol pleno atravesada por una brisa fresca. Las notas y los acordes flotan en el aire. Llegan con la velocidad justa, sin prisa, sin detenerse, respetando los silencios.
Cada sonido envuelve, acaricia, vibra.
Los violines y otras cuerdas, el piano, un toque suave de percusión me llevan de viaje al mundo de los recuerdos y los sueños. Desde allí, alguna melodía se detiene en los labios para sonreír ante tanta belleza de la vida, pero también, por momentos se retuercen en una mueca de dolor mientras los ojos lloran ausencias.
La música se hace cómplice de las emociones; las desnuda, las reconoce, las nombra y les permite recorrernos.
Entonces, la paz se instala con la fuerza del atardecer que llega sin premura.
Buenos Aires, 09 de marzo de 2026
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