lunes, 2 de marzo de 2026

La regadera

 Hay cosas que van dejando de ser

como esa regadera oxidada

que aún descansa afuera en el jardín

como queriendo mantener viva

aquella tarde con mi madre.

Salíamos del consultorio

después del control periódico

del cáncer que eligió a su cuerpo

para ponerla a prueba.

Sin darle lugar al desánimo

la lucha fue permanente y sostenida.

Esa tarde,

pasando por una ferretería

en una esquina que no recuerdo,

veo una sonrisa en sus labios

y un cierto brillo anidó en su mirada

con sólo verlas en la vidriera.

Sin preguntas, entramos al negocio

donde quedaron dos regaderas menos,

las que llevábamos en una bolsa al salir.

Pequeñas, de latón

como el viejo fuentón

donde se lavaba la ropa 

y que fue la primer pileta

que nos refrescó en el verano.

Una para ella, otra para mí.

Muchas mañanas y sus tardes

las usamos para regar plantas y rosales.

Ella partió hace años

con la fuerza demoledora que siempre tuvo

ante tres ataques de la misma enfermedad.

Quedó su regadera,

la regadera que ya dejó de serlo

para ser ahora memoria y recuerdo, 

manteniendo viva en mi jardín

su lucha, su amor, su permanencia.



Buenos Aires, 28 de febrero 2026

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