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jueves, 22 de enero de 2026

Yéndose...

La veo alejarse. Decidió irse. No mira hacia atrás. Su espalda está marcada por las cargas ajenas, opacada la piel por los miedos, atravesada por cicatrices de heridas que casi la desmoronan, incrustada la sal seca de los dolores y las lágrimas silenciadas.

Frágil, vulnerable, débil, decidida a dejarme vacía, a despojarme, sin importarle si me duele o no, con la valentía del que abandona para dejar lugar.

La veo alejarse, le doy las gracias por su coraje, no sé si me escucha, tal vez lo sepa, aprendí de ella, ella, la que se está yendo; ella, la que dejo de ser para renacer.


Buenos Aires, 21 de enero 2026

sábado, 22 de noviembre de 2025

el bosque

 Dentro del bosque no hay sendero marcado ni rumbo que indique un destino. El sol en su trayectoria es una pista cuando no se esconde entre las copas tupidas de los árboles. Los sonidos son señales, indicios que vienen del aire, de la hojarasca, de las madrigueras ocultas.

El bosque es misterio de incesante e imperceptible movimiento, de cantos repentinos y aleteos invisibles. Es el alma de infinitos latidos.

Cuando el viento o la tormenta lo recorren, las hojas se agitan en lo alto y lo que habita en tierra se eleva como si no tuviera peso. Todo él calla. Una única voz lo atraviesa tomando todas sus voces y marcando un único ritmo al cual obedecen todas las almas. 

El bosque se deja atravesar.

La calma devuelve los sonidos propios, el movimiento incesante e imperceptible. Pero el bosque no es el mismo.

En tormentas y entre vientos, las almas callan, y como el bosque, renacen en infinitos latidos.



Buenos Aires, 22 de noviembre 2025