Hay un silencio lleno de palabras, en tanto el alma enmudece habitada por reclamos propios y ajenos. La piel se crispa ante el.menor contacto y los oídos callan ante la posible herida.
Entonces el perdón se permite una pregunta y apela a si es posible adentrarse en la diferencia y llevar a cada agravio bajo la luz del dolor profundo y verdadero que le dió grito.
Se pregunta si podrá el silencio volver a serlo pleno de experiencias; o si el alma volverá a hablar desde la empatía y el agradecimiento; si la piel podrá entibiarse nuevamente o si los oídos estén prestos a escuchar y ser puente de nuevo encuentro.
El perdón llama al tiempo; el tiempo todavía piensa.
Buenos Aires, 01 de septiembre de 2026
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