La veo alejarse. Decidió irse. No mira hacia atrás. Su espalda está marcada por las cargas ajenas, opacada la piel por los miedos, atravesada por cicatrices de heridas que casi la desmoronan, incrustada la sal seca de los dolores y las lágrimas silenciadas.
Frágil, vulnerable, débil, decidida a dejarme vacía, a despojarme, sin importarle si me duele o no, con la valentía del que abandona para dejar lugar.
La veo alejarse, le doy las gracias por su coraje, no sé si me escucha, tal vez lo sepa, aprendí de ella, ella, la que se está yendo; ella, la que dejo de ser para renacer.
Buenos Aires, 21 de enero 2026
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