demasiado silencio imposible de quebrar, ni el tic tac del reloj ni las campanadas atraviesan las horas de un día sin palabras. Los sonidos inevitables de la brisa, de un zorzal o un benteveo apenas rompen instantes en el alma doliente y desierta.
El silencio se asienta, se hace carne, memoria y olvido.
Buenos Aires, 05 noviembre 2025
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