sábado, 24 de enero de 2026

Fynn y yo

Duerme. Sólo se escucha el tic tac del reloj y de tanto en tanto el agua cayendo sobre la yerba en el mate. Un silencio corto es roto por el quejido mustio que pide cebar de nuevo.

Eso es todo, además de la ventana que da al jardín donde las hojas de la dama de noche, los malvones y el aguaribay están tan quietas como el aire de la tarde grisácea y calurosa.

El mueve apenas las orejas como si escuchara algo que no alcanzo a percibir. Se relaja, no ha de ser importante.

Mientras, pareciera que el sol se niega a desaparecer y de repente atraviesa las persianas dibujando renglones de luz sobre la mesa. Las nubes son rápidas y ganan la carrera; la mesa vuelve a la penumbra.

El humo del sahumerio no encuentra dirección. ¿Serán nuestros alientos los que empujan su fragilidad de un lado para otro? Eso sí, allí donde los suspiros lo lleven, el aroma invade y se queda.

Alzo la mirada y me sorprende no verlo. Supongo que sin que me diera cuenta se escapó por el pedazo de ventana abierta. Lo busco con los ojos, atenta a dos zorzales que picotean migas, y me asomo alerta por si se despierta su instinto de cazador. Sin embargo, lo encuentro acurrucado dentro de la caja sobre la mesa junto al ventanal, como un ovillo dirían muchos. Lo observo y me completa su ternura.

Una brisa acaricia mi espalda. Vuelvo al mate y él se desacomoda para buscar comida. Da unos mordiscos y se va al jardín. Ahora sí me asomo dando palmadas ahuyentando a los zorzales. El instinto es siempre instinto.

Lo perdí de vista. Entré y quedé acompañada por el tic tac del reloj.

Espero su regreso cuando las estrellas asomen, él buscará su comida para luego hacerse ovillo entre mis brazos bajo las sábanas limpias de otra noche de verano. 


Buenos Aires,24 de enero 2026 

viernes, 23 de enero de 2026

Herpes

 El Herpes Zoster, una invasión dolorosa, la piel lesionada, un prurito insaciable, ninguna cura...sólo paliativos y resistencia.

El ataque inesperado de un hábil agresor, latente, astuto, que está a la espera de la ventaja que le asegura la victoria: la debilidad del cuerpo donde ejercerá su poder, las defensas bajas, el agotamiento, el estrés...

Encuentro tanta similitud con las agonías de muchos! 

El enemigo debilita, agota, estresa, prepara el campo, lo sabe, anticipa su victoria, y cuando las almas están propicias procede al ataque sin miramientos, porque se sabe vencedor.

Y entonces?  

Hacer cadenas de almas solidarias, corazones generosos y cuerpos entrelazados con la fuerza invencible de la empatía, el cariño, el sostén permanente de unos a otros, es dejar al enemigo latente (no muerto  ni vencido) sin encontrar campo donde atacar que asegure su victoria.


Buenos Aires, 23 enero 2026

jueves, 22 de enero de 2026

Yéndose...

La veo alejarse. Decidió irse. No mira hacia atrás. Su espalda está marcada por las cargas ajenas, opacada la piel por los miedos, atravesada por cicatrices de heridas que casi la desmoronan, incrustada la sal seca de los dolores y las lágrimas silenciadas.

Frágil, vulnerable, débil, decidida a dejarme vacía, a despojarme, sin importarle si me duele o no, con la valentía del que abandona para dejar lugar.

La veo alejarse, le doy las gracias por su coraje, no sé si me escucha, tal vez lo sepa, aprendí de ella, ella, la que se está yendo; ella, la que dejo de ser para renacer.


Buenos Aires, 21 de enero 2026