Me desperté con tristeza, tanteando la almohada buscando tu ausencia.
Las horas pasaban sin llevarse las lágrimas. Decidí entonces escuchar música, tan fuerte como pudiera.
Los acordes se escapaban del parlante y sacudían cada rincón, cada puerta, cada ventana ,y mi alma.
Las notas, una tras otra, bailaron la armonía propia de cada ritmo, y bailé con ellas entre tus brazos nuevos palpitando en mí tu cariño para luego soltarte. La música, el aire, el entorno, las cosas y yo nos unimos en el movimiento armonizando emociones y recuerdos, llenando cada espacio de íntimo placer y plenitud.
Aprendí entonces que siete notas de una escala musical, entreveradas en sonidos y silencios, son la puerta al movimiento liberador del alma.
Saladillo, Los Laureles, 26 enero 2025
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