viernes, 28 de febrero de 2025

Rutas

Aquel día se recostó en el pasto buscando la frescura de la tierra o la humedad del rocío. Los ojos se le acostumbraron al sol que lo iba cubriendo lentamente. Quería aprovechar ese momento en que el aire se mueve fresco después de una noche agobiante bajo el brillo de las estrellas.

Venía de transitar caminos, algunos lo colmaron de frutos dulces y vegetación amable con su andar y su vida, caminos habitados por aves multicolores y fieles compañeros de ruta que dormían a su lado para salir a la madrugada a buscar alimento mientras otros jamás se alejaron de sus pies, sólo a fin de cuidarlo, de sostenerlo para que el cansancio no lo doblegue...sólo para que siga andando. El tomaba de cada uno la entrega gratuita y silenciosa, única y diversa.

Los caminos se fueron entreverando dejando algo tras cada huella, algún fruto, algún compañero, alguna orilla.

Sus pasos avanzaron en un entorno que se iba desvaneciendo hasta que no hubo más camino, ni frutos, ni aves, ni compañeros ni vegetación amable con su andar y con su vida.

Como si no hubiera tiempo ni recorrido, de repente la noche cálida se hizo fría, ya casi no encuentra tierra, menos rocío.

Quienes permanecen son las estrellas, tan claras, tan nítidas en noches oscuras, noches sin lunas; y el sol, compasivo en su amanecer y su ocaso, loco de sed y de fuego, casi como un enemigo que paraliza todo andar durante las horas máximas del día.

¿Cuánto  tiempo andará por esta desolación?

¿Cuándo encontrará nuevamente un camino, una orilla, un fruto, un compañero de ruta?

¿Cuándo volverá su andar a ser amigable con su vida?

Se lo pregunta a las estrellas, que no lo abandonan.

Se lo pregunta al sol que lo interpela.

Se lo pregunta a su soledad.

¿Cómo se encuentra un camino?

" Caminando" fue la unánime e inequívoca respuesta.



Los laureles; Saladillo, 22 de febrero 2025


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