lunes, 24 de marzo de 2025

Tejer la vida

 Pasaron muchos meses desde la última vez que saqué del armario la canasta del tejido. Se me ocurrió que era hora de continuar. No falta mucho para  terminar las tiras que, unidas, se harán manta.

Había comenzado a tejerlas varios años atrás cuando María Julia me lo propuso para entregarlas a personas necesitadas, de bajos recursos, sus " clientes", como ella los llamaba. En un principio ambas tejíamos y uníamos los cuadros hasta que la espalda y la vista ya no se lo permitieron.

Sabe Dios cuántas hicimos en estos años y qué piel hoy estarán abrigando.

Recuerdo la primera hecha con restos de ovillos y cosida sobre una tela de polar. De esa manta supe su destino: una anciana. Nunca conocí su nombre ni su rostro. Fue la primera vez que sentí que abrazaba un cuerpo a la distancia, una persona tan cercana a mis manos, a mi silloncito frente a la ventana,  a la canasta llena de ovillos de colores, y a su vez, tan lejana como desconocida.

La calidez que me envolvió al entregar aquella primera, fue y sigue siendo el motor que mueve las agujas dibujando un sencillo punto Santa Clara. Tejer es abrazar con el alma.

Los restos de ovillos que juntamos se fueron acabando y comencé a comprar por kilo madejas enteras en un local mayorista de Once. El motor encendido no dejaría de funcionar.

María Julia se fue un septiembre a seguir tejiendo generosidad con los ángeles dejando para siempre en mí su mirada cómplice mientras me decía: " Qué hacés que no estás tejiendo? - con la voz tierna de una madre amorosa, voz que la muerte me arrebató hacía varios años, pero que en la voz de María Julia volvía a escuchar.

Tengo ya bastante avanzadas las tiras tejidas. Me pregunto ¿porqué la pausa de tantos meses? Tal vez porque la canasta se dividió: algunos ovillos prendidos a un juego de agujas se mudaron a la chacra y otros quedaron aquí en la casa de Belgrano, en donde espera una bolsa de consorcio llena de madejas para ser ovilladas.

En octubre pasado se detuvo el tiempo. ¿ Quien ovillará ahora? ¿ Quién me preguntará qué color ovillo primero?

Seré yo quien arme la ovilladora manual de tu madre y me siente con paciencia en la silla que ocupabas para desarmar las madejas y hacerlas ovillo.

En ese quehacer que aún no me animo, estarás presente alentándome a seguir tejiendo.

Desarmar la madeja para hacerla ovillo, y tejer la vida.



Buenos Aires, 23 marzo 2025

jueves, 20 de marzo de 2025

Anochecer sin cartas

 Siete luces tenues iluminan el jardín que el atardecer va oscureciendo. Apenas se escucha el correr del agua de la manguera del vecino regando sus plantas.

Es un anochecer cálido, el perfume de la dama de noche recorre todo el jardín y me envuelve.

Miro cómo las pocas luces dibujan manchas claras en el césped que muda su verde para vestirse de noche.

Arrimo tu silla a la mía y toco tu presencia con la mano.

Las ramas del aguaribay saben que no habrá juego de cartas; de hecho, la mesa ahora está llena de cuadernos, algún libro, varias biromes y la lapicera de tinta azul.

El mate se va alargando a la espera del Cinzano que no llega, y tampoco se acaba. El Rey de diamantes y la Reina de corazones se corrieron para dar lugar a las páginas blancas que reciben letras y recuerdos en el afán de perdurarlos.

La noche ya cerrada y sin luna donde encontrarte siembra en mí la nostalgia. Alguna lágrima se escapa. Respiro profundamente.

Y dejo de escribir.


Buenos Aires, 20 de marzo 2025


lunes, 17 de marzo de 2025

volver

 Cinco días fuera de casa y de la chacra,  fuera de la ausencia La soledad, la quietud y el silencio son el campo fértil para la introspección cargada de preguntas y respuestas. Era de esperarse que me esperaran para salir a la luz.

¿Por qué nos duele tanto perder el contacto físico, la pérdida del cuerpo? Nadie escapa a la muerte del cuerpo. Se muere el joven y el viejo, el flaco y el gordo, terso o arrugado, débil o fuerte, varón o mujer; todos, absolutamente todos dejaremos nuestros cuerpos que se harán tierra, tal vez alimento, por qué no fruto y serán nueva parte de la vida.

Si lo sabemos, ¿por qué nos duele tanto no besar con los labios, abrazar con los brazos, no sentir la piel tibia de la mano ajena?

Debe haber algo más...

¿Cómo justificar la emoción de un recuerdo si la memoria no es tangible?

¿Cómo se explica la brisa inesperada ante la añoranza de un abrazo?

Hay algo que nos conecta más allá de la pérdida del cuerpo, algo que no se pierde, que acrecienta lo vivido.

Tal vez sea el amor; o será que el amor nos hace descubrir que la vida late más allá de lo que podemos ver con los ojos o tocar con las manos...el alma, la esencia, el ser.... Nos da la posibilidad de seguir encontrándonos, de seguir caminando juntos.

A pesar de que seguiré llorando, a pesar de la tristeza que el cuerpo me trae, a pesar del duelo que duele, nada he perdido, porque he ganado el " siempre" que vence tiempos y espacios.

He ganado la conciencia de amarte, de agradecerte y de tu presencia permanente.


Al hombre que elegí y al que sigo eligiendo, a vos Ramiro, en Buenos Aires, en casa, el 15 de marzo de 2025

el regreso

  Vuelve la mañana gris mientras intento robar los últimos rayos tibios a un sol escurridizo que, en pocos instantes, quedó absolutamente cubierto. Acepté a regañadientes que el fresco se iba apoderando de mi cuerpo tendido.

Recogí las cosas, me fui a dar un baño caliente para distender mi piel erizada y preparar todo para el regreso a una hora indeterminada dependiente de  la decisión, la voluntad, y la posibilidad que se dieran oportunamente.

Me dirigí al restaurant  y me senté frente a una ventana. Los manteles blancos, impecables, lucían sobre ellos copas y cubiertos para comensales por ahora ausentes. Es que el hotel estaba casi vacío. Es un día hábil de una semana sin feriados en un mes donde todo funciona, escuelas, fábricas, empresas, transportes, jueces y juzgados.

Los hospedados, que apenas somos  cuatro, superamos con creces la edad jubilatoria, y en estos días mantenemos el espíritu de la amistad así como sostenemos la fuerza para disfrutar cada momento. Sabemos con absoluta certeza que la vida pasa. ¿ Sobre cuántas tumbas ya hemos llorado? ¿ Cuántas arrugas se hicieron dueñas de nuestros espejos? ¿ Cuántas heridas debilitaron nuestras fuerzas?

Son los días que vivimos los que nos plenifican y los momentos de cada día son sobre los cuales construimos nuestra plenitud.

Así es que sola, con la ventana a mi izquierda viendo el verde vibrante del césped contrastando con el gris plomizo de un cielo que no se decide entre la resolana y la tormenta, con los brazos tostados por el sol resaltando sobre el mantel blanco, decidí tomar un aperitivo. Aquel que me pareció más adecuado para la ocasión.

Sorbo a sorbo, en tanto los minutos avanzan, los pensamientos viajan entre los recuerdos, los que ya llevan tiempo en la memoria, y los que apenas están decidiendo si se quedan o no.

La tarde va saboreando conmigo cada instante vivido. para que se asiente con la fuerza de la emoción o lo efímero de lo que no vale la pena.

Así la tarde, sorbiendo el fluir de la vida, el  Campari y yo.


Open Door, 11 de marzo de 2025

caballos

 ¿Qué misterio tienen los caballos como para hacerme sentir así? ¿Por qué esta atracción ineludible y esta necesidad de pertenecer a la manada? Cuando estoy entre ellos quedo quieta, como esperando que se acerquen sin miedo, anhelando verme en sus ojos y sentir su pelaje entre mis dedos.

A veces pasan a mi lado, se detienen y luego se alejan...

¿Qué misterio me atrae con tanta fuerza? Qúe misterio me llama a ser manada y qué otro me impide serlo? Caballos...espejos del alma.


Open Door, 10 de marzo 2025

sueños

 Los amaneceres y atardeceres se escapan de los ojos tras la valla verde de los árboles. El sueño se hace cómplice de las sábanas blancas y la salida del sol ya se hizo mañana. Ni siquiera el mate puede acompañarme ya que quedó olvidado sabe Dios en qué paraje.

La vista se pierde en la variedad de árboles jóvenes,  otros centenarios, que hacen del horizonte la inmensidad del parque. Las cortezas de los troncos dibujan tramas y las ramas elijen caminos diferentes en busca del sol. ¿Cuántos tonos de verde hay? ¿ Cuantas son las formas de las hojas que caen y de las que permanecen en el árbol hasta en el más crudo de los inviernos?

Ya a media mañana el horizonte es interrumpido por las más de cien ovejas buscando los pastos tiernos y húmedos. Por un instante, esta imagen sacudió la idea que aún hoy es un sueño. El tiempo se detuvo y me llevó más allá de lo perceptible. Cerré los ojos.

Si los árboles  se despejaran y los amaneceres no se escaparan detrás de ellos, ¿se abrirá el camino para ver al sol amaneciendo y dar vida a la idea para que que el atardecer se lleve en andas la certeza?



Open Door, 10 de marzo 2025

viernes, 14 de marzo de 2025

Reiki

 La tarde se presumía de despejada. La brisa le dio cabida y poco a poco el aire fresco dejaba a la vista al cielo celeste añorado después de la tormenta.

Aún así, el sol indeciso invitaba a unas horas de relax, tal vez una siesta bajo los árboles, tal vez un masaje relajante y renovador, o quizá una experiencia de reiki.

Me animé a esta última recordando las enseñanzas del maestro al que acudí para aprender hace más de veinte años.

Fue una hora en la que desde la camilla llegué a ese lugar que no es éste, a donde los sonidos que se escuchan no pertenecen, porque se oyen en la piel, se sienten. Un lugar lejano donde una corriente de luz te atraviesa, te recorre sin pedirlo ni pretenderlo, entra y sale, fluye, y en ese fluir te lleva, te sostiene y te libera.

Poco a poco, el tono suave de la voz de Darío me trae nuevamente a la conciencia de la piel, del cuerpo, de la camilla, del entorno. Se regresa con la experiencia de la fluidez.

Así vuelvo a la tarde despejada.



Open Door, 08 de marzo 2025

La fuente

Desayunando en el hotel, los vi besarse en  las mejillas arrugadas por esa edad sin fin de sueños, proyectos y conquistas, esa edad llena de surcos, de caminos transitados, donde hay espacio para nuevos surcos, nuevas arrugas, nuevas cicatrices, todas compartidas.

Se besaron con ternura y quedé prendida en esa imagen mientras salí a caminar bajo el cielo gris, perder la mirada en el húmedo verde y acariciar al perro negro que se paró a mi lado como adivinando mi soledad.

Sin saber ni preguntar porqué, el hombre del beso se acercó a contarme la historia de la fuente de hierro de 1880 que había comprado a un señor en San Vicente donde estaba desarmada e inútil. El hombre del beso es dueño del hotel donde me alojaba.

Me contó que la armó con la paciencia necesaria. La fuente de agua, la fuente de agua que canta.

Hicimos silencio mientras las gotas hacían sonar el metal como tañen las campanas. Quedamos sólo escuchando.

Me pregunto si la fuente canta para cada uno la melodía especial que toca al alma en su profundidad.

Unos minutos después volví al parque caminando lento, con lentas lágrimas cayendo de los ojos.


Open Door - 08 de marzo 2025

La visita esperada

 Recostada frente al ventanal inundado de parque, de árboles erguidos y una paleta de tonos verdes y violetas, miraba al viento cálido de una cálida tarde de marzo recorrer el césped y envolver suavemente a los troncos. 

El sueño me entornaba los ojos para dar lugar a una siesta. El movimiento inusual de las hojitas del arbusto me llamó la atención. Fijé la mirada entrecerrando los párpados para ver con .mayor nitidez cómo recorrías flores sorbiendo el néctar de las campanitas violetas. Verte fue una sorpresa que anhelaba hace mucho tiempo. Seguí con los ojos tu aleteo prácticamente invisible.

Así como apareciste, desapareciste.

Dicen que cuando ves un colibrí, viene a decirte que los seres amados que ya se fueron, están bien.

Cerré los ojos, me dejé llevar por el sueño para entrar en la siesta con el alma en paz.



Open Door, San Ceferino, 07 de marzo 2025

Conciencia

 La noche sacudió violentamente el sueño contraído a espaldas del ventilador bajo las sábanas tibias y húmedas. 

Los ventanales se iluminaron, las luces y sombras casi tenebrosas del azurero en flor se destacaron por brevísimos instantes.

Sentí tu presencia a mi lado gozando como siempre del ruido de las gotas cayendo sobre tu amado techo de chapa.

Te busqué en la oscuridad para abrazarte mientras la lluvia se hacía eco de nuestro encuentro.

Así la noche, la madrugada y la mañana cuando el gris oscuro robó tu sombra. Busqué en el mate amargo tu silencio y tu palabra. La tormenta amainó como para dejar escuchar mejor tu mensaje.

Sobrevino el silencio interrumpido por las gotas tardías que navegaban en las canaletas hasta caer en el piso de ladrillos de la galería.

Salieron los zorzales, los benteveos y los horneros a cantar en un mediodía sin sol y sin lluvia. Sólo una brisa cálida, por momentos fresca logró sacudir las hojas de los álamos y recorrer la tierra. 

Cuando fue viento alcé la voz: " No te vayas!" pedí. 

Y cuando me di cuenta, murmuré: "Te espero".



Buenos Aires, 07 marzo 2025