Siete luces tenues iluminan el jardín que el atardecer va oscureciendo. Apenas se escucha el correr del agua de la manguera del vecino regando sus plantas.
Es un anochecer cálido, el perfume de la dama de noche recorre todo el jardín y me envuelve.
Miro cómo las pocas luces dibujan manchas claras en el césped que muda su verde para vestirse de noche.
Arrimo tu silla a la mía y toco tu presencia con la mano.
Las ramas del aguaribay saben que no habrá juego de cartas; de hecho, la mesa ahora está llena de cuadernos, algún libro, varias biromes y la lapicera de tinta azul.
El mate se va alargando a la espera del Cinzano que no llega, y tampoco se acaba. El Rey de diamantes y la Reina de corazones se corrieron para dar lugar a las páginas blancas que reciben letras y recuerdos en el afán de perdurarlos.
La noche ya cerrada y sin luna donde encontrarte siembra en mí la nostalgia. Alguna lágrima se escapa. Respiro profundamente.
Y dejo de escribir.
Buenos Aires, 20 de marzo 2025
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