Cinco días fuera de casa y de la chacra, fuera de la ausencia La soledad, la quietud y el silencio son el campo fértil para la introspección cargada de preguntas y respuestas. Era de esperarse que me esperaran para salir a la luz.
¿Por qué nos duele tanto perder el contacto físico, la pérdida del cuerpo? Nadie escapa a la muerte del cuerpo. Se muere el joven y el viejo, el flaco y el gordo, terso o arrugado, débil o fuerte, varón o mujer; todos, absolutamente todos dejaremos nuestros cuerpos que se harán tierra, tal vez alimento, por qué no fruto y serán nueva parte de la vida.
Si lo sabemos, ¿por qué nos duele tanto no besar con los labios, abrazar con los brazos, no sentir la piel tibia de la mano ajena?
Debe haber algo más...
¿Cómo justificar la emoción de un recuerdo si la memoria no es tangible?
¿Cómo se explica la brisa inesperada ante la añoranza de un abrazo?
Hay algo que nos conecta más allá de la pérdida del cuerpo, algo que no se pierde, que acrecienta lo vivido.
Tal vez sea el amor; o será que el amor nos hace descubrir que la vida late más allá de lo que podemos ver con los ojos o tocar con las manos...el alma, la esencia, el ser.... Nos da la posibilidad de seguir encontrándonos, de seguir caminando juntos.
A pesar de que seguiré llorando, a pesar de la tristeza que el cuerpo me trae, a pesar del duelo que duele, nada he perdido, porque he ganado el " siempre" que vence tiempos y espacios.
He ganado la conciencia de amarte, de agradecerte y de tu presencia permanente.
Al hombre que elegí y al que sigo eligiendo, a vos Ramiro, en Buenos Aires, en casa, el 15 de marzo de 2025
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