La tarde se presumía de despejada. La brisa le dio cabida y poco a poco el aire fresco dejaba a la vista al cielo celeste añorado después de la tormenta.
Aún así, el sol indeciso invitaba a unas horas de relax, tal vez una siesta bajo los árboles, tal vez un masaje relajante y renovador, o quizá una experiencia de reiki.
Me animé a esta última recordando las enseñanzas del maestro al que acudí para aprender hace más de veinte años.
Fue una hora en la que desde la camilla llegué a ese lugar que no es éste, a donde los sonidos que se escuchan no pertenecen, porque se oyen en la piel, se sienten. Un lugar lejano donde una corriente de luz te atraviesa, te recorre sin pedirlo ni pretenderlo, entra y sale, fluye, y en ese fluir te lleva, te sostiene y te libera.
Poco a poco, el tono suave de la voz de Darío me trae nuevamente a la conciencia de la piel, del cuerpo, de la camilla, del entorno. Se regresa con la experiencia de la fluidez.
Así vuelvo a la tarde despejada.
Open Door, 08 de marzo 2025
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