jueves, 23 de abril de 2026

Un largo camino hacia el milagro

 Una mañana, las piernas respondieron sin necesidad del bastón. Se dió cuenta cuando llegó de la cama hasta la hornalla de la cocina donde apoyó la pava para calentar el agua, y haciendo el ademán acostumbrado para tomar nuevamente el bastón...bastón que había quedado apoyado en el respaldo de la cama.

¿Cómo lo había hecho? De repente sintió temor, dio un paso hacia atrás, luego otro, giró lentamente buscando un punto de apoyo a su alrededor. Se dirigió a la mesada para buscar la yerba y el mate. Se apoyó primero para luego soltarse. La fuerza de la pierna sostuvo erguido su cuerpo sin titubear. Miró a través de la ventana a los árboles de la calle iluminándose por el sol de una mañana fresca. Y recordó...

Había sido un camino muy largo, un camino iniciado hace demasiado tiempo en la cama de un hospital, inmóvil por semanas, luego fueron tantos los enfermeros que alzaron con sus brazos su cuerpo para dar unos primeros pasos que no parecían ser suyos, hasta aferrarse a un andador que se hizo parte de sí durante otras tantas semanas ( ¿o fueron meses?)

Cuando permitieron que el bastón se aferrara a su mano  como una tercer pierna, creía haber alcanzado el tope, ya podía moverse en forma medianamente libre e independiente. Y así fueron los días,    medianamente libres,  pretenciosamente independientes y supuestamente felices.

Pero lo de esa mañana le supo a milagro a pesar de que los milagros son difíciles de aceptar, más aún de reconocer.

Esa mañana una puerta se abrió, un camino nuevo se adelantó a sus pasos. Quedan atrás el miedo, la inseguridad y la impotencia de una libertad a medias y de una presunta independencia.

Los milagros existen - pensó sin creer lo que pensaba - existen - se repitió - cuando se los deja ocurrir aún después de un largo andar.

Así fue que esa mañana, volvió a caminar. Libre, independiente, y feliz. Un milagro.



Saladillo, Los laureles, 15 de abril de 2026






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