jueves, 10 de junio de 2010

tarde

El viento es verbo,
el negro pensamiento
y el azul es mediodía
que esboza acuarelas
sobre el césped ,
la alondra que aguarda,
y la tarde
que ocurre lerda.

jugando con ellos

Ellos son, siempre fueron ellos y siempre lo serán. Jamás seremos parte, ni yo, ni nosotros, porque ellos siempre serán eso, ellos.
Lejanos, pero no lo suficiente como para no nombrarlos. Los veamos o no, sabemos que están..son ellos.
El día que ellos se vayan, si es que pueden en alguna instancia desaparecer, tal vez yo tampoco exista, ya que yo soy yo porque no soy ellos.

miércoles, 21 de abril de 2010

Día tras día

El aire estaba tan quieto como él. Por eso ella tuvo que andar en puntas de pie. Para no despertarlo.
Movió la puerta con la misma suavidad con que se acaricia un niño y agradeció que las bisagras no chillaran.
Salió de la habitación y recién entonces se permitió un suspiro. La luz del sol que entraba por la ventana le hizo entornar los párpados.
Como un saludo, escuchó un escandaloso canto de chicharras imposible de acallar en esta tarde de cielo azul.
Quedó inmóvil en la sala. ¿Se habrá despertado? La cama no emitió ningún quejido, entonces, ni se había dado vuelta.
Relajada, fue hacia el aparador, abrió una de las puertas y sacó la botellita disimulada detrás de las copas de licor. Vertió unas gotas apenas en la taza de loza azul, lo acostumbrado. Volvió a guardarla y fue a la cocina a calentar agua en la pava.
Dispuso en la bandeja el mate y la bombilla para ella, y el café para él, con el azúcar al lado de la taza, como siempre.
Abrió la puerta del dormitorio y no le importó el chirrido de las bisagras. Lo llamó. Una vez, otra.
Un tanto sorprendida le movió los hombros. El, estaba tan quieto como el aire. Lo dejó así.
Fue al aparador, buscó la botellita disimulada tras las copas de licor, y la arrojó a la basura junto con la taza. Ya no eran necesarias.

sábado, 17 de abril de 2010

Fue a orillas del mar...

Sentada frente a la ventana, con las manos temblando bajo la manta, dejó que la tormenta agitara sus recuerdos tanto como el viento enardecía las olas que devoraban la costa. La playa se veía gris.
Se estremeció al sentir la arena tibia jugar en su espalda y el agua fría enredarse en sus piernas extendidas en aquel atardecer recostado para siempre en su memoria. Como si el sol se pusiera hoy, dejó que la sonrisa se escapara.
El cielo había coqueteado con los colores pincelados por la complicidad del fuego que los acompañara aquella tarde, y tantas otras.
Con la mirada dibujando ayer entre las sombras, asintió con la cabeza… esta agua inmensa, sumergida más allá del horizonte, fue testigo de su entrega cuando la magia acunó el milagro.
Se dejó llevar por un viaje vertiginoso hacia las sensaciones que aún sacudían su piel de arcilla, esa explosión que inundó su vientre como el mar que se llevó un secreto atado a un hilo de sangre.
Y ella, como él, callados y en silencio, se fueron haciendo viejos.

La duda

Se levantó a cerrar la ventana porque el frío le tocó la espalda, o tal vez, se estremeció de miedo.
Volvió a la cama y acurrucado, se cubrió la cabeza con la almohada sin animarse a inspirar ni exhalar aire, como para no interrumpir el silencio.
Forzó el cuerpo a una rigidez tal que las sábanas quedaron tiesas, y apretó los párpados para mimetizarse con la oscuridad.
Pensó que había transcurrido una hora, o lo había deseado.
Durante el tiempo que fuera, no escuchó más aquellos silbidos que supuso del viento, ¿o fueron un sueño?
Pudo abrir los ojos, pero prefirió no hacerlo. Tuvo miedo del miedo, o de descubrirse muerto.

viernes, 26 de marzo de 2010

...

El sol se atrasa tras un poncho gris,
la mañana no se despereza
y aún las horas se apresuran,
la noche estira su delirio,
y yo, todavía existo.

La vida

En un principio, desperté los sabores escondidos
en el arco iris infinito,
de la inocencia de aquel tiempo sin tiempo para prejuicios.

Una mañana, supe que podía elegir
y la memoria señaló los preferidos.
Degusté manjares y bebí del néctar y el espíritu,
expandí mi aliento y recogí fragancias
que maridaron en el alma y hoy
embeben, serenas, las conquistas.

El aroma del té reposa en el atardecer
y olvida lo que supo a fracaso,
impregnando la noche en que me despido,
el perfume de la mañana me será esquivo.

A ella...

En la curva de tu espalda
reposan los sueños y el cansancio de la infancia,
se almacenan los changos
cargados de leche y dulce,
del pan y el milagro
que nutren la hora temprana.

En la curva de tu espalda
se acomoda el vientre
donde el aliento encontró su cuna
y se dibuja el pecho
tendido en ofrenda
hacia una especie que aún domina.

En la curva de tu espalda
se enredan dudas y lágrimas,
la fuerza y la impotencia,
el abrigo de las noches, la soledad
y la impertinencia de las mañanas.

En la curva de tu espalda
no hay descansos ni rincones
donde ocultar arrugas o estrías,
muecas, o el dolor de las sonrisas.

Tu espalda que se curva
bajo el peso de una duda,
aquello que no supiste,
esa piedra que cautivó tu inexperiencia,
y que en silencio,
aún dibuja horizontes.

Duele...

Duele el amigo,
Duele la piel que lo recuerda,
Duele la pared que añora su sombra,
Duele el pasto que olvidó su marca,
Duele la silla que no cruje,
Duele la vajilla que aguarda en la alacena.

Duele el amigo,
Duele la lágrima,
Duele la canción que lo nombra,
Duele el silencio poblado de chicharras,
Duele el tedio,
Duele la paz, que ya no es deseo,
Sino desgarro y ausencia.

Acuario

Si el conjuro escrito
en letras impersonales
se hubiera desprendido
de la hoja
y me hubiera acompañado,
otro sería mi destino.
Pero las constelaciones
jugaron con los símbolos
y la buenaventura.
La tinaja que me signa
se volcó vacía,
y los peces,
nadaron confundidos.

lunes, 8 de febrero de 2010

al pasar

Cuando la mañana duda y la noche pide permiso...el día no existió.

martes, 19 de enero de 2010

La noche distinta

La luna aligera su ropaje ante el sol nuevo. Ni plata ni oro, el paisaje luce neutro.
Ella mira el entorno como si éste la tragara, sediento de su seda desgarrada.
Camina entre las matas que muerden sus tobillos. No siente la sangre que mancha sus sandalias, sólo un dolor en el pecho que aprieta con su mano.
Los pájaros coronan su cabeza con un canto lastimoso, solidarios con sus lágrimas. Ya estaba cansada de correr, de huir de la bajeza. Sabe que dejó atrás dos bocas hambrientas en un cuarto alquilado, un ropero con tres vestidos y tantos manoseos, desvelos que le dieron poco de comer y nada para elegir. Se había acostumbrado, ya llevaba muchos años tomando de sus días lo que la noche le robaba. Pero ayer… fue distinto.
Anoche, fue violada.

...

Vuelo tu mejilla,
navego tu lágrima
y encuentro el sosiego…

Tal vez,
una tristeza lejana
se niega a ser ceniza.

jueves, 7 de enero de 2010

La otra tierra

- Es la primera vez que piso suelo de su país – dijo realmente emocionada mientras la conducían por los salones exquisitos.
- Déjeme mostrarle la hermosa vista que tenemos desde la terraza – le respondió solícito su guía y acompañante.
Subieron por una majestuosa escalinata de mármol y atravesaron un inmenso portón de vidrio más limpio que el aire.
La brisa vespertina jugó con el cabello de ambos, y ella apoyándose en la balaustrada suspiró.
- Nunca he visto esta variedad de verdes naturales. Y desde aquí, las farolas de las plazas parecen iluminar un bosque de duendes y hadas. Es hermoso! Esta tierra es maravillosa! Nunca había estado en el extranjero, no sabe lo feliz que me siento!
El sonrió satisfecho.
La acompañó hasta la planta baja y la despidió con una solemne delicadeza.
Ella, extasiada, cruzó Av del Libertador y tomó un taxi hasta su casa. Cuando sube le dice al chofer: “ No sabe lo lindo que es Estados Unidos!

viernes, 1 de enero de 2010

Y dieron las doce campanadas,

Y dieron las doce campanadas,

tronaron los fuegos,
chocaron las copas,
las ironías se besan,
se abrazan palabras tibias
y en una lágrima
grita la soledad.
Se consagra la miseria,
y no hubo perdón,
mientras la luna
brilla y calla
la copa silba
burbujas sutiles
y del caliz bebe
una cruz pesada.
Corona de doce uvas,
una a una se atragantan
una a una,
doce lágrimas.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Del instinto y otras cosas...

El instinto

No es palabra que se precie, ni objeto, ni sentimiento. Es un huésped que la vida invitó sin nuestro permiso, con una razón que la razón doblega y una fuerza adormecida por la lógica.
Y son esa lógica y aquella razón sus asesinas. Tras su muerte, muere hasta la vida.

La pasión

Es efímera, profunda y escandalosa. No hay quien la detenga aunque a veces la adormezcan. Solo el tiempo la apacigua pero nunca pierde fuerza. Es la razón por la que ardemos en un campo de cenizas y es el grito que revienta cuando duermen las entrañas y se calla la memoria.
Es el alma de quien la encuentra y el verdugo de quien no la despierta.

La nostalgia

Un dolor respetuoso de la memoria se desgarra en silencio y llora con una lágrima perpetua.
Vive lamiendo el recuerdo como si fuera la ambrosía que sostiene su alma, y a veces, mastica con furia el mañana.
El ayer tardío es su cómplice y el hoy la desventura.
No se sabe si es elegida o electora de los lugares donde se instala, pero esta dama de encajes y puntillas barre siempre hacia delante dejando sin mancha el camino andado y echando polvo a la baldosa que aun no pisa.

El recuerdo

Puede acariciarte o clavarte un puñal, lo mismo da. Lo hace escondido tras una imagen o una voz, un aroma o una sazón, ¿acaso importa? Abre las puertas con su bastón blanco, cualquiera de ellas, sin golpear. Así es como te encuentra en alguna de las poses de tu día y te invade con los harapos de lo que nunca volverá.
Esquivo cuando lo llamas e impertinente cuando lo olvidas, se acomoda en un lugar más allá de la memoria…mucho más allá. Su piel se hace más tersa a medida que tu piel se seca.
Y cuando tu piel ya no tenga a quien cuidar se mudará, joven y fresco, a recrear otra historia.

La ansiedad

Una mujer, a veces gruesa y maloliente, de uñas romas y ojos saltones, otrora de facciones angulosas y vientre enjuto, la que exhala humo por su esquelética nariz y sus labios sangrantes.
Se alimenta del tiempo que se toma su tiempo, de la respuesta que se queda en la pregunta y de la duda improbable que anida en la certeza.
Habla, tiembla, murmura y muerde. Borbotea vida con acoso incesante, y por ella, la vida muere.

La tristeza

Conocí lo que nadie ha visto y vi lo que nadie ha tocado.
Fui más allá de lo que los ojos muestran y he palpado texturas sin piel que me detenga.
He ascendido por sobre la luz y la oscuridad me lanzó a la profundidad sin fin, donde es difícil reconocerse.
He bebido lava, y la furia del océano me ahogó hasta no poder gritar.
Nadie me llevó tan lejos como ella, de su mano mordí la roca y me tragó el laberinto.
Junto a ella, hoy, exhausta…sólo lloro.

Cuando se pierde

“ Por favor Dios, dejalos venir un rato …"


Cuando se pierde la piel, nunca más vuelve, y hay que imaginar un abrazo en el viento, la palabra en el cantar de los pájaros y una caricia en la espuma del mar.
Cuando los huesos se deshacen se desgrana el tacto y se esfuma el movimiento. Queda el sol de la tarde para envolvernos de tibieza como las manos de ayer que hoy están tiesas.
Y los miro en las hojas que se mueven y en la lluvia que moja mi tristeza, los escucho murmurar en la brisa y reír con la voz de las torcazas. Y como nunca, se han hecho rosa y jazmín que perfuman la soledad de la noche y el intento de la mañana.
Cuando se pierde se entiende…

Aún no

Apaguen las luces,
Quiten las guirnaldas,
No enciendan las cocinas,
Guarden los adornos y las velas,
Doblen los manteles
Y entierren el muérdago,

Aún transito el calvario.

domingo, 6 de diciembre de 2009

La verdad

Puso el nombre
Y firmó la lágrima,
Despojada y cruel,
Se animó a ser dolor.
No buscó recostarse en el consuelo
Ni acunarse en la espuma de una lástima,
Sólo implora perdón
con la sangre y lluvia
De una llaga ,
Que clavó al tiempo
En una hora lazarina.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Cuando me vaya

Cuando me venga a buscar y juntas salgamos en la noche helada sin temblar, te pido que recuerdes, llevaré conmigo el abrigo de tu ternura, y una única tristeza empañará la luminosidad de la luna.
En el camino que dejo, no hice lo suficiente, lo sé, y aún queriendo retener el tiempo, repito ausencias.
No fue suficiente el beso de mis labios, ni la caricia de mis manos, menos aún la entrega del aliento, que póstumo, lamenta tanto silencio.
No fue suficiente el dolor, tampoco la pasión ni el sacrilegio, me despiden las aguas sin cauce ni destino, tal vez por eso, llora el océano.
Me voy más desnuda de cómo he llegado, lo que dejo son los remiendos de un vestido que no supo ser, y que solo en tu piel, añoró el deseo.