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sábado, 19 de septiembre de 2026

Estaciones

 El invierno se le encarnó en el alma; persiste aún cuando el sol anuncia a la primavera.

¿Cómo hace el árbol desnudo para brotar de nuevo?

¿Qué poder misterioso es capaz de agitar la tierra reseca para vestirla de verde?

¿Cuál es el secreto que esconden las yemas para abrirse en un sin fin de colores y aromas?

¿Puede entrar la primavera en el alma y arrebatarle el poder al invierno que no se aleja?

¿Puede la primavera hacer de la mañana la promesa de una flor y de la noche la dulzura de su fruto?

Tal vez, o tal vez necesite la mano cariñosa del jardinero.


Buenos Aires, 19 de septiembre de 2026

jueves, 26 de septiembre de 2024

Volver

 La vuelta se hizo esperar desatendiendo el deseo. Pero una mañana temblorosa de un sábado frío, se corrió la incertidumbre y con certeza armamos el bolso para transitar de nuevo la ruta, a esas horas, liviana y ligera.

El atardecer nos fue empujando hasta la tranquera, la oscuridad se hizo luz tenue en la galería y en el resplandor cálido de las ventanas desnudas.

La puerta se abre, el abrazo del hijo que te espera te abriga con la suavidad de la ternura y la felicidad del encuentro.

Esa primera noche de invierno, el cielo espeso no  dejó lucir a las estrellas, pero la luna, con su tenacidad de luna casi llena, hizo alarde de su silueta, un poco borrosa, pero plena.

Se fue adentrando la noche hasta que se hizo descanso entre las sábanas bajo las mantas.

Feliz mañana de un sol espléndido, mañana de tareas,  de vestir ventanas, emparejar marcos y la mejor imagen de una siesta que no duerme: padre e hijo sentados en la galería, abrigados por el poncho, hermanados en la mirada que viaja hasta el horizonte.

Pasa la tarde, respetando tarea y fatiga, hasta que llega la hora de la inevitable despedida, nuevamente el abrazo te abriga, te deja en  piel la huella de un hermoso día. Se va el hijo y viene un frío que nos apura adentro.

El mate y el fuego se dejan atraer, como nosotros, apenas abrazados, con la mirada jugando con las llamas.

Una de las primeras tardes de invierno en Saladillo.


23 de junio 2024

domingo, 22 de septiembre de 2024

tardes de invierno

La tetera de hierro estrena las tardes frías, grises, en las que la neblina llora sobre las ramas desnudas de la higuera. 

Tal vez sean tardes a la luz de la vela alumbrando los colores vivos de la ruana o el blanco del papel que recoge gotas y letras.

O quizá alguna se abrace al silencio de la siesta; otra escuchará el paso de las horas en el ritmo acompasado de las agujas.

Alguna que otra transitará su paso mirando al horizonte y sus sombras a través dela ventana.

Cada una de ellas, a su estilo, soñadas, inesperadas, vividas, dejarán memorias y recuerdos de las tardes de invierno en Saladillo.


17 mayo 2024

jueves, 5 de septiembre de 2024

Invierno

 Se fue despacio, casi como si no hubiera existido. Dejó su huella en el árbol desnudo que hoy lo despide entre verdes caricias, sin estridencias, con el mismo  silencio de los vientos punzantes y las lluvias sedientas.

Volverá silbando helado entre las ramas vestidas y arrancará como siempre todo vestigio de un tiempo exultante. Sembrará aridez para que nuevamente el misterio busque respuestas en la oscuridad de la tierra.

El silencio nutre, se hace brote.

Y él, otra vez se aleja.