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domingo, 12 de julio de 2026

Ajedrez

 

Mabel nunca olvidará el piso de damero de la cocina donde jugaban, comían y hacían los deberes con Lucía, su hermana menor. Se sentaban alrededor de la única mesa de madera oscura. Una pequeña ventana dejaba entrar el sol del atardecer y los rayos siempre se detenían en sus ojos haciéndola lagrimear.

Recuerda al piso como un tablero de ajedrez, y a ellas, como las piezas que el entorno, los miedos y las decisiones fueran moviendo para avanzar hacia el triunfo o ser devoradas por un enemigo inexistente pero real como el destino.

En esas mismas sillas, alrededor de esa misma mesa, Lucía le susurraba sus aventuras, sus dudas, sus confidencias, amasaban sueños que las conectaban como hermanas, hijas de una madre trabajadora, casi ausente, y un padre que cerró definitivamente la puerta de entrada de la casa cuando ellas aún no alcanzaban la altura del picaporte.

Crecieron, ambas, y se dispersaron los momentos compartidos. Entraron amigos, de los buenos y de los no tanto; para Lucía los unos, para Mabel los otros.

Fuera de la cocina los caminos se hicieron distintos, tan diferentes que sorprende que se hayan iniciado en un mismo origen.

Lucía hoy es abogada, es madre de dos hijas y vive en una casa blanca con una cocina que da al jardín donde el sol no aturde.

Mabel sigue comiendo de un subsidio de desempleo, mudándose de un hogar de paso a otro, derribando uno a uno los sueños cocinados alrededor de la mesa oscura sobre un piso de damero, tablero de ajedrez donde Lucía es reina y Mabel, peón comido.

Mabel supo y sabe que el peón puede comer a la Reina, pero Mabel decidió guardar para siempre el secreto de su hermana, aquel que una tarde le susurró cuando el sol entró y la hizo llorar.

 

 

Buenos Aires,  22 de junio 2026 

Consigna: texto basado en las impresiones sobre la pintura “La casa de las solitarias” de Norma Bessouet

lunes, 17 de julio de 2023

caminando....

 Otra noche encontrada de estrellas, diamantes traviesos brillando en el mar oscuro del infinito...y así hoy....me encuentro y soy, me dejo ser, me vacío y me habito, me callo y me nombro. Me espero.

Me hallo y me espero

lunes, 21 de septiembre de 2020

Y fue un día...

 Y fue un día cuando lo invisible escondió tu sonrisa,

cuando tus ojos hablaron en la mirada de tantos,

cuando tu lágrima se hizo añicos en la transparencia de un escudo,

y un poco de sol, recuerdo de una piel en la tuya...


Y fue un día cuando la muerte me hizo distinta,

cuando el miedo me bautizó de nuevo,

cuando la calle se vistió de misterio, de amenaza el vecino,

y yo, de encierro, promesa de vida sin garantías.


Y fue un día que decidí morir, si así tuviera,

morir besando tu boca, riendo en tu sonrisa,

morir con la mejilla húmeda por tu lágrima tibia,

morir con tu piel en mi cuerpo, en mi corazón tu latido.


Morir al sol, tocándonos...


Y fue un día que decidí vivir con toda la vida,

y si así no fuera, morir viviendo.


domingo, 30 de agosto de 2020

Sino por la tarde

 ¿Donde encontrarte? ¿Donde? La torcaza picotea en la tierra de la maceta, el zorzal saca mordiscos a la manzana y el agua de las nubes salpica gotas en la pileta; el benteveo tocó la piel del aguaribay que apenas se inmuta con la caricia de la brisa. Los acordes de un piano se deslizan y vibran allí donde  duerme el tercer ojo. Se le suman el llamado del benteveo, la gota que termina y el silencio de las hojas quietas. La sorpresa vino en un mensaje de quien pudo averiguarme y encarar mi nombre. Por un instante el sí se adueñó de la tarde...por un instante.

Lloró la ignorancia en una lágrima que arrastra el desconcierto de la existencia. Voló la torcaza y se hizo ausencia, el zorzal vuelve a arrebatar el corazón a la manzana.

miércoles, 9 de octubre de 2013

la voluntad y el destino

Falta una hora. El espacio permanece vacío. La hora se adelanta como el trazo ligero de sus plumas. Los veo detenerse, mirar hacia el techo y continuar. Mi cabeza sigue tan vacía como el espacio. Solo se llena de presente, del ahora, ni siquiera de lo que fue o de lo que podrá ser. Entonces me pregunto si hay ideas corriendo bajo sus melenas prolijas y onduladas. Qué relatos escudriñan detrás de sus lentes gruesos de armazones oxidados. Ahora permanecen con los ojos clavados, semiocultos bajo sus párpados somnolientos, o aburridos. Miran y tocan el espacio, lo giran, lo transitan, y yo, vacía. Ellos son los señores de la tinta, los que aparecen en fotografías, los que escriben su nombre en los espacios llenos de halagos y colores. Mi espacio es negro, o ¡sigue vacío? No hay voluntad que desvíe la de mi destino.