Todas las mañanas el rocío visita al jardín. Al pasto verde le va regalando pequeños cristales que reflejan muchos colores cuando el sol los ilumina.
Después va refrescando a los pétalos de las rosas rojas y con suavidad se apoya en las margaritas blancas que sonríen con su corazón amarillo.
A los malvones y geranios ( que hay rojos, blancos y rosados), apenas los acaricia cuidando la fragilidad de sus flores.
Cuando toca a los jazmines, ellos se alegran de tal forma que perfuman todo el jardín con su aroma exquisito. Lo mismo hacen los azahares del limonero y las florcitas blancas del azurero.
Las lavandas erguidas reciben el agüita fresca y se preparan para alimentar a las abejas. El romero aprovecha para lavar sus hojas y guardar en ellas el aroma que perfumará comidas y roperos.
El rocío se va yendo a medida que el sol camina por el cielo, se va contento después de haber dado el mejor desayuno al jardín entero.
Buenos Aires, 25 de octubre de 2026
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