viernes, 4 de julio de 2025

al árbol

Porque tocás el cielo

porque surgís de lo profundo,

porque abrís mil brazos,

porque sos sombra, lumbre,

remedio y fruto,

canto esta alabanza,

te abrazo

porque sos misterio, savia y corteza,

sos grito en el viento,

también silencio,

porque en tu seno hay palabras

que bajo la tierra se amasan,

mensajes divinos

que entienden las almas atentas,

porque tu muerte no es vana, 

te sentás a mi  mesa,

descanso en tus ramas,

sos calor en mi hoguera,

porque sos parte de mi vida,

te alabo, te agradezco, 

bendigo tu existencia.



Los laureles, Saladillo, 03 de julio 2025

lunes, 30 de junio de 2025

la hora

 Como si fuera eterno, el sorbo se alarga mientras cae la tarde de invierno, pronta y fría.

El eucalipto arde sin prisa abrazando al quebracho para hacer durar las brasas y el calor de la salamandra. Es la hora del contraste entre el azul del cielo que no termina de despedir a un sol que se fue, y el negro de los árboles vestidos de sombras y siluetas desapareciendo.

Es  la hora del mate que se acaba y las luces que se encienden.

Es la hora del regreso, del agua en la olla, de abandonar la mirada.

Es la hora del silencio, todo calla, todo permanece quieto, latente y expectante. Es la hora de lo primero y primordial, del secreto que se manifiesta.

Es la hora en que la creación reza, se entrega, y nos espera.


Buenos Aires, 28 de junio 2025




lunes, 23 de junio de 2025

Alerta

Alerta amarilla anunciaron desde temprano, el aviso llegó ayer para ser precisos.

El alerta nos anticipa, nos hace preparar todo para enfrentar cualquier adversidad que, en este caso, los vientos fuertes y las ráfagas violentas puedan afectarnos.

Así lo hacemos y desde la seguridad de estar prevenidos esperamos la amenaza, atenta la mirada, prestos los oídos.

La mañana pasó serena, el mediodía también, así pasaron las horas, y uno va aflojando tensiones..."Tal vez se equivocaron, o en su locura, el aire cambió de dirección", porque, a lo sumo, nos está llegando una brisa fresca y acelerada que nos agrada sentir en la cara  mientras nos sacude con suavidad el poncho o la ruana.

Vamos desviando la atención a la vida sin alerta; así, después del almuerzo nos echamos a una siesta tranquila relajando ojos, oídos y latidos.

Algo nos arranca del sueño, en mi caso, el peso inusual de los gatos sobre mi pierna, que bien saben que no los dejo, la perra aúlla y se mete debajo de la cama, entonces, veo por la ventana a los álamos reverenciar y a los eucaliptos doblegarse...empiezo a creer; a pesar de los avisos, a pesar de los anticipos...cuando la realidad nos avasalla, dejamos de dudar...cosa para pensar.

Recorro la casa, los vidrios tiemblan, escucho ruidos en el techo de chapa, salgo a mirar si han caído ramas y si la antena sigue en pie. Algo me empuja, tropiezo con la perra que me seguía a mis espaldas. Una ráfaga helada me pega en la cara. Todo está en orden. Logro entrar no sin esfuerzo. Me aseguro que todo esté bien cerrado mientras escucho el silbido atravesar las hendijas y el golpe despiadado de un aire enfurecido sobre puertas, paredes, troncos y almas. Lo veo correr a través de los cristales.

Sin atardecer sobrevino la noche, y con ella, el corte de luz, si hasta los postes de alumbrado cayeron abatidos por las ráfagas. Serán horas de fuego ardiendo en hogares, cocinas, salamandras o braseros, noche de sopa caliente, de vino, pan y velas, faroles de noche alumbrando oscuridades.

Habrá techos que vuelen, casillas débiles intentando resistir, refugios azotados en su precariedad. Seguramente habrá lágrimas; unos llorarán sobre lo propio, otros sobre lo ajeno.

Pasa la vida, la realidad tantas veces avisa, anticipa, se la cuestiona, se duda, se niega...y cuando la realidad azota, se cree...(más allá del alerta amarilla, en este caso, por fuertes vientos).


Los Laureles, Saladillo, 22 de junio de 2025

martes, 10 de junio de 2025

Vacío...

 Vaciar, 

vaciar el alma para llenarla de la presencia divina, ahogada por obsesiones, avaricia, miedos, y angustia...

Vaciar el cuerpo para que deje de ser figura y sea el lugar donde Dios habita.

vaciar, 

para que los ojos y la mirada, los labios y sus palabras o silencios, los píes y sus pasos, sean el vehículo de Dios y su mensaje, su amor y su voluntad.

Vaciarse....para ser.



Los laureles, Saladillo, 10 de junio 2025

lunes, 9 de junio de 2025

No volverás...volá

 Porque la noche me dijo que no te esperara,

porque el amanecer fue claro respecto a tu partida...

Volá,

volá tan alto hasta verte en las estrellas;

Volá, 

volá tan alto hasta tocarme en el viento ;

Volá, 

volá tan alto hasta verme desde una nube pasajera;

Volá...

es tan difícil dejar partir...

Volá,

volá con toda tu plenitud,

volá tan alto que seas un astro más irradiando luz, tu luz...

Volá,

y esperame.


Saladillo, Los Laureles, 09 de junio 2025



Noches de otoño

 Vino el otoño y alejó las tormentas torrenciales que acecharon los últimos meses dejando charcos y lagos sobre siembras y cosechas. Trajo otros vientos que limpiaron el aire y aclararon el cielo.

De la mano de esta nitidez en la que cada color resalta nuevamente su tono, dejando atrás sus vestidos grises y húmedos, vinieron temperaturas más bajas, no tanto como las de invierno, pero convocan a los primeros fuegos en la salamandra, en el hogar, el brasero o el fogón, alrededor del cual girará el mate iluminado por el reflejo que irradia la leña ardiendo.

Mañanas de otoño, de sol tardío, de poncho y ruana, de hojas secas, postal de rojos y ocres.

Tardecitas otoñales, tempraneras, oscuridad que avanza sobre el cielo celeste de un día que se aleja en la antesala del invierno.

Noches otoñales, frescas, frías, noches de lumbre entibiando la soledad y su silencio, la charla amena de mates interminables, el plato que espera, o el pan partido.

Arde la olla, grita la pava, se corta el pan, se sirve el vino. Noche de otoño, de familia, de amigos, o de soledad fría.


Buenos Aires, 04 de junio 2025

Imágenes

Ya es de noche. Cerca, y a lo lejos, unas luces se distinguen en la oscuridad temprana del invierno. Ella cierra los ojos y la imaginación atraviesa puertas y ventanas  que las luces solitarias sugieren....

El fuego arde en una chimenea, el guiso de papa y carne se cuece sobre el hierro de la cocina, alguien corta el pan mientras el mate acompaña hasta la hora de la cena...

Un velador con su pantalla algo desvencijada echa luz ámbar sobre la almohada. La cama, de madera oscura, la sábana de blancura ajada y la manta de colores vivos que tejió la mujer que bajo ella descansa. Los lentes puestos, las manos arrugadas, y entre ellas el libro de páginas amarillas despidiendo aroma a romances y viejas aventuras... 

Dos velas encendidas enmarcan el cuaderno en el que el niño dibuja letras y desentraña cuentas, en tanto su madre, junto al farol de querosene, zurce sacos y medias; el padre, arma la hoguera alrededor de la cual compartirán la sopa caliente y la galleta...

La más pequeña de las luces, la más lejana, alumbra sólo la mitad de un rostro, quedando la otra en la sombra de la soledad. La silueta está tan quieta e inmóvil como el banquito que la sostiene. De poncho y boina viste en silencio , con el humo del cigarro colgando del labio jugando en el aire, dando un soplo de movimiento en la escena bajo la noche fría y oscura...

Abre los ojos. La vista vuelve  a la luz cercana, a la cocina que espera, al mate ya frío, a la noche temprana del invierno, Calienta la olla, separa en el plato algo del puchero, se sienta a la mesa y mira por la ventana las luces lejanas. 



Los laureles, Saladillo, 09 de junio de 2025

domingo, 1 de junio de 2025

Inundaciones

 Llueve adentro,

llueve afuera,

la calle anegada, 

el aliento ahogado,

barro pisado, el alma rota.

¿ dónde quedó la luz?

¿ bajo qué baldosa se escondió el aire?

¿ bajo cuánta agua se pudre la semilla?

Alma rota,

rotísima.



Buenos Aires, mayo 2025

Foto...fotos

 Ya pinta el atardecer en el jardín, se acerca una noche clara, de luna redonda y estrellas atentas.

Cual fue el motivo? - será asunto del alma. La cuestión fue que bajo la luz tenue del farol se abrieron uno, dos, cuatro...y aun más álbumes de fotografías, las de papel...ahora, con la máquina digital pocas se imprimen, todas viajan sin cesar por " la nube", también se dispara una y cien veces, como para acertar a la imagen buscada.

Las fotografías del álbum tienen tras de sí, no sólo un recuerdo, sino la fijación eterna de un momento elegido por su belleza, por lo que transmite, es un instante madurado en el momento, no en cualquier momento, sino en ese que hoy, años después, nos saca una sonrisa, nos despierta una carcajada o nos enjuga una lágrima.

Tesoros blancos, grises o negros, con los colores captados por la cámara y plasmados según el revelado los admitiera. 

Revelar exige un tiempo de espera, una duda...cómo se dibujará en el papel brilloso o mate el momento elegido para el disparo, el que pensamos, el vivido.

Las fotos son una ofrenda con sabor a historia que atravesará generaciones con sus relatos sin palabras, con sus testimonios sin entrevistas, desde su silencio palpable, porque se tocan, se huelen, se acarician.

En esas fotografías bajo una luna redonda y un cielo de estrellas atentas, volví a amar, volví a parir, viajé de nuevo. Reí, lloré, toqué, acaricié cada instante, entré en ellos como si fueran nuevos. La memoria los llevó hasta el corazón y el alma se expandió luminosa y feliz, porque desde ellas, las fotografías, todo permanece y se renueva, como la noche clara, como la luna redonda.


Buenos Aires, sábado 10 de mayo de 2025

domingo, 4 de mayo de 2025

Dias de silencio

La noche fresca, diáfana, luciendo estrellas como nunca, fue un verdadero regalo en estos días de silencio y horizonte. Silencio imprescindible para hacer del dolor la palabra, de la añoranza el llanto, y del recuerdo la imagen eternizada en el hogar, donde arden los troncos que esperaron pacientes hasta hacerse leña. Un silencio que la vida impone sin pedir permiso ni esperar un acuerdo. 

Inesperada fue la mañana. El sol oculto tras nubes grises que, solapadas, se allegaron de madrugada, testigos son el mate tempranero y el calor de la salamandra.

De las nubes cayeron gotas furiosas sacando truenos del techo para callar en apenas unos minutos, dejando a las chapas llorando, al césped alzado de gloria y al hornero caminando sobre el pasto húmedo y vibrante.

El sol se deja ver como para no olvidarlo, echa luz sobre las rosas y atraviesa el ventanal para luego desaparecer tras la sombra gris de una tarde alerta.

Todo parece prepararse para hacer frente a la tormenta; afuera, sólo hay quietud y silencio; adentro, también. El farol de noche junto a los fósforos están atentos sobre la mesada; la linterna ya tiene las pilas puestas.

Nada se mueve, el aire calla, de pronto grita, con voz ronca y lejana,  se estremece la sangre, el perro alza las orejas, y vuelve la quietud, el aire se hace denso, cargado de humedad y de misterio.

El mate llega a la hora acostumbrada, los sorbos son lentos, la mirada se extiende hasta el horizonte, prolongando el silencio, llevándolo lejos.

El aire grita ronco de nuevo, su voz se acerca, oscurece, se larga la tormenta, sacude con fuerza hojas, ramas, nidos y veletas. Se esconden los gatos, el perro se acurruca, la sangre se estremece y el alma contempla, en silencio, en ese silencio que la vida impone, sin pedir permiso ni llegar a un acuerdo.



Saladillo, Los Laureles, 04 de mayo 2025

Pascua

 Sábado de gloria, domingo de Pascua,

Noche de incertezas, miedo y silencio,

amanecer de asombro, temor y regocijo...



Buenos Aires, domingo de Pascua 2025

miércoles, 30 de abril de 2025

pausa

 Cuando la oscuridad lo indica, las luces automáticas se encienden; otras las enciendo porque me gustan, o las necesito, o sencillamente porque me hablan de vos.

La copa de cognac acompaña silenciosa, lenta, inundando el paladar de añoranza, con sorbos pausados en esta hora de la pausa.

Así quedo mirando las luces entrelazadas en las ramas del aguaribay, en silencio, viendo nacer la noche, sorbiendo tu recuerdo, en pausa.

Te espero.



Buenos Aires, 29 de abril de 2025

mañana de invierno...

 Arde el fuego en la salamandra,

te miro, sonríes;

tu sonrisa me ilumina, 

ante el fuego, sonrío.


Buenos Aires, 30 de abril de 2025

domingo, 27 de abril de 2025

Un día de bendiciones

 Son las ocho de la mañana y estoy tomando el desayuno de siempre: varias tazas de café sin leche y sin azúcar con dos tostadas untadas con queso crema común, o a veces ( pocas) con manteca.

Una mañana como siempre, o mejor dicho, como las últimas, las que empezaron hace seis meses cuando los dos individuales en la mesa se hicieron uno.

Miro por la ventana al árbol de palta resistiendo en la maceta y a la planta de margaritas echando hojas verdes en vistas de un invierno lerdo, para florecer en la próxima primavera.

Vuelvo los ojos a la taza y se me van al vacío; los cubro con los párpados y hago unas cuantas respiraciones profundas (tan profunda como me lo permita la fatiga). Busco relajarme e iniciar el día; un día por cierto incierto, sin plan ni cronograma, un día para ser sencillamente vivido.

Siempre me pregunto si es Dios, algún ángel, un espíritu travieso, el ser querido o la propia mente la que te habla de repente sin que pueda escuchar el entorno. " ¡Hoy será un día de bendiciones!" No pude más que sonreír y entusiasmarme ante semejante augurio, fuera quien fuera el anunciante. 

Me preparé para vivir el día de lleno, no sin antes intentar solicitar reparación de la línea telefónica sin tono, hacer las compras, concretar una visita con algún techista de los varios que tengo el contacto para evitar que se amplíen las goteras, ya que los baldes y trapos no alcanzan para más, y así abrir los brazos para recibir las bendiciones prometidas. En el afán de concretar todo, se hizo el mediodía y salí a comprar algo para almorzar. Grande fue mi sorpresa cuando la tarjeta con la que intento pagar dos tomates, un kilo de cebollas y un par de zanahorias es denegada ... imposible haber superado el límite de compra diario, busco el monedero, vacío.

El hambre tuvo que esperar y desvanecerse en función de averiguar, además de subsanar, el motivo por el cual la cuenta bancaria de la única jubilación que percibo está bloqueada. Todo un día atravesado por infinidad de comunicaciones con mensajes grabados, opciones que no coinciden con la consulta que necesito hacer, sin hablar de los mensajes por internet en los que solicito asesores que tengan voz y personalidad, oídos para escuchar y puedan conversar.

Así llega la tarde, luego la noche y sigo insistiendo sin respuesta ni resultado. El cansancio y el sueño me ganan.

Las ocho de la mañana me encuentran nuevamente tomando el desayuno de siempre, café sin azúcar ni leche, dos tostadas crujientes bajo el manto blanco del queso crema.

Miro por la ventana al árbol de palta queriendo salir de la maceta, a las hojas de la planta de margaritas  que crecen día a día,  y me pregunto cual es el significado de la palabra " bendición".

Ayer, lo que menos me sentí fue " bendecida", más bien, enojada, agotada, gastando mi tiempo en solucionar problemas que otros me generan... a dónde se fueron las bendiciones del día?

Sin que se escuche sonido en el entorno, algo me dice que vivir es una bendición. La bendición es vida, o la vida es una bendición. El resto, circunstancias.

Se hizo silencio, por dentro y por fuera, tardé un tiempo para cerrar los ojos, hacer unas respiraciones profundas, y agradecer.

domingo, 20 de abril de 2025

Saladillo, Los Laureles, un amigo

 

Saladillo, un lugar en la provincia de Buenos Aires, un lugar desconocido a pesar de haber pasado tantas veces por “La gallareta”, la YPF que fue parada obligada de viajes, más extensos algunos, otros más cortos. Jamás ni en nuestras más remotas y alocadas imaginaciones sospechamos que cada vez que nos detuvimos a descansar, tomar un café o almorzar un sándwich, estábamos a escasos metros de lo que años más tarde, fue la concreción del sueño que perseguimos por más de veinte años.

El campo, la tierra, el horizonte lejano a la vida urbana, años recorriendo direcciones, al norte, al sur, dibujando círculos de no más de cien kilómetros a la redonda, sopesando precios, valores y disponibilidades. Tiempos de búsqueda interrumpidos por el desaliento, o sencillamente, porque la vida desvió la atención, pero nunca sucumbió ante el deseo. La libreta fue registro de posibilidades, números de teléfono, zonas, fechas de visita, y tachaduras achicando la lista.

Una inmobiliaria desconocida, otras alternativas sin entusiasmo fueron a parar a la lista con la desventaja de la distancia. Excedía el círculo trazado.

Cuando nada se pierde, ni aún la esperanza, visitamos la de Saladillo. “Y eso dónde queda?” - me preguntaba. Lejos, ochenta kilómetros más de lo estipulado.

La tranquera blanca y un camino nos lleva hacia la segunda, ésta nos adentra a un monte de eucaliptos, más adelante un roble enorme nos indica la huella y la galería ancha nos recibe junto al encargado y su perro que mueve la cola saltando de alegría.

Cada uno la camina a su manera y a su ritmo descubriendo las partes, los rincones, los horizontes.

Regresamos, algo nos convence, algo nos hace dudar.

No pasa siquiera un mes. Volvimos a la tranquera blanca, y al pasar junto a la palmera, tu voz queda fue contundente: “No busquemos más, es ésta.”

Hicimos la oferta, la aceptaron, la vida nos enfrentó con desafíos, con angustia, miedo e incertidumbre, aún así, “Los laureles” en Saladillo se aferró a nuestra vida con la fuerza de la conquista y el apoyo de quienes buscaron otro destino. La dejaron con la generosidad de quienes amaron el lugar y nos descubrieron amándolo.

Se abrieron las puertas, la fuimos haciendo nuestra. Y en Saladillo, buscando la herramienta encontramos al amigo. Y nos sentimos queridos, acompañados, sostenidos por su inmediata entrega, su preocupación, su asesoramiento y su generosidad, la de quien comparte lo que sabe, lo que conoce, lo que tiene, lo que siente.

En poco tiempo hicimos parte de nuestra vida esta parte de la provincia de Buenos Aires, con sus árboles, su plaza, su fiesta, su galleta de piso y su gente. Ramiro encontró más amigos que reconocieron su sencillez, su habilidad, su testarudez y su dolor.

Una mañana ventosa, en camino a Los Laureles dejó su cuerpo y ahora anda abrazando el monte, encendiendo luces, apagando sombras, marcando huellas, disipando mis temores, dándome fuerzas y haciéndome saber que no estoy sola.

En Saladillo encontramos el gozo, la vida y la muerte que hoy es luz para siempre, sobre todo, encontramos al amigo, que más allá de todo, apoya y sostiene.



Para Andrés Bertazzo en Saladillo, Los Laureles, 18 de abril de 2025 

viernes, 18 de abril de 2025

el viaje

  Suena "el Himno" de Vangelis. Cada acorde es un paso hacia el encuentro. La intensidad de la música aumenta a medida que la distancia se acorta. En el final, el viaje en tren se inicia, juntos.

Las primeras estaciones ( no las únicas) son de colores vivos, sorprendentes, con el sabor de un íntimo misterio a develar.

En algunas estaciones hubo que detenerse por varios meses y reservar en el vagón nuevos asientos para continuar el viaje.

Las vías entonan ritmos diversos según sean las estaciones que el tren atraviesa, incluso suenan en las grises y desoladas donde el tren parecía detenerse para no volver a arrancar.

Sin embargo, la locomotora ( esa de las antiguas a vapor, de puro hierro, que anuncian su llegada con voz tan estridente como profunda) encontró siempre carbón y fuego para tomar ímpetu, y a pesar de la carga pesada, seguir su camino empinado en busca de otras estaciones.

Los pasajeros subían y bajaban, algunos definitivamente y en general, dejaban olvidado una parte de su equipaje, lo que para aquellos que continúan el viaje, les permite recordarlos.

En cada estación vibran diferentes colores en nuevos paisajes, celebradas con vino las bendiciones,  serenas las horas de la tarde compartiendo el mate.

Pasa el tren sobre vías rotas, peligra su andar, puede descarrilar, pero logra atravesarlas soportando el sacudón.

La próxima estación es verde, plena de aire y eucalipto, de rosas y frutales, de chimangos, golondrinas y cotorras. En la estación suben nuevos pasajeron, se quedan, comparten, y tejen redes.

La luna y el sol se hacen presentes con el más deslumbrante esplendor de amaneceres y atardeceres. 

Tiempo de goce y de trabajo, de sueños venideros, de amor, de abrazo y de hoguera. Suena ahora " Tribute" de Yanni. Los acordes llenan el vagón y el alma de los pasajeros.

Un café, dos medialunas, y te adelantaste sin anticipo al vagón más cercano a la locomotora.

Dejaste gran parte de tu equipaje aquí, donde seguimos viajando reteniendo tu voz, tu melodía, tu camisa, tu gorra, tu abrigo.

Allí en el vagón donde estás, el fuego de la locomotora te ilumina, tu mirada es luz, tu rostro es luz que emite reflejos en los nuestros.

Un viaje con paradas y demoras, un viaje con el mejor compañero...con quien seguimos viajando, en diferentes vagones, en el mismo tren

Suenan ahora las gaitas..."Amazing grace".



Saladillo, Los Laureles, 18 de abril 2025

martes, 15 de abril de 2025

El farol de la noche

El sol entra y se queda apoyado sobre la salamandra, en tanto la rosa en el florero hace alarde de fuertes contrastes. El resto de la habitación va adentrándose en la penumbra, la luz de la tarde se va alejando del rincón donde duerme el gato y de la bandeja donde está el mate. Los caramelos envueltos en papel metálico retienen algunos destellos hasta que el reflejo los trague.

El farol de noche, aún apagado, preside la mesa que da a la ventana. No necesita encenderse en esta hora del mate alargado, la hora en que los brazos del día se van cerrando sin llegar a ser noche oscura cuando las sombras ni siquiera se adivinen.

Los sorbos se van diluyendo entre las hojas de yerba que flotan cansadas de darle sabor al agua.

La oscuridad va avanzando cubriéndolo todo. Es preciso tantear el pico del termo para cebar los últimos mates, y más aún, recorrer con  las manos la mesa hasta encontrar la caja de fósforos para encender el farol de noche que, ahora se sabe imprescindible y no olvidado e inútil como en las mañanas luminosas o las tardes claras.

Se hinchó la camisa del farol, ceniza que ilumina con blanca caricia el entorno que toca, dejando a lo lejos sombras oscuras, apenas contornos de muebles, cuerpos o emociones. 

Para ver, hay que llevarlo en andas, como la paz en el alma; sólo así la luz ilumina el camino.

Paso tras paso, la mirada es clara hacia adelante, se ensombrece hacia los costados y se enceguece por detrás.

Paso tras paso recorre habitaciones sin detenerse en ninguna.

Paso a paso transita la noche bajo la luz blanca del farol que lleva a cuestas con sus sombras, hasta que el sol vuelva a echar luz plena, dando claridad al entorno, abarcativa la mirada ... certezas en el alma.

Se apaga el farol, ya no es necesario, hasta la próxima sombra asomando en la propia noche.

domingo, 6 de abril de 2025

es tiempo de

Tiempo de salamandra, 

de mañanas celestes 

y café caliente.

Aroma a tostadas

sabor a manteca

y besos en la frente.

Tiempo de leña

de hogares ardiendo

eucalipto y quebracho.

La copa de vino

pan con picada

y en el sillón, abrazos.


Buenos Aires, 06 de abril 2025


sábado, 5 de abril de 2025

La hora azul

 El reloj marcó una hora oscura cuando sonó el teléfono. Intentó atender a tientas varias veces sin lograrlo. El sonido de la llamada perdida lo desveló justo el día que le tocaba descanso. Era el tiempo de la cosecha y los últimos días el sol y el dolor en la espalda lo habían agotado.

Quiso tentar al sueño para que volviera a enredarse con él entre las sábanas pero nada logró. Aceptando la derrota y el estado de vigilia, puso sus pies en las viejas alpargatas para ir hasta la cocina a preparar el mate que no esperaba tomar tan temprano. Llenó con agua la pava de aluminio algo ennegrecida por  el fuego de tantas madrugadas mateando fuera de casa.

Mientras cargaba la calabaza de yerba y el agua llegaba a la temperatura justa se detuvo a mirar a través de la ventana sin cortinas. Vio cómo la noche abandonaba su negrura poco a poco.

A pesar de haber visto innumerables amaneceres, algo le llamó tanto la atención que no pudo apartar la mirada. El agua hervía a borbotones sin que se diera cuenta. Todo seguía tan negro en contraste con el azul de fondo; un azul que nunca había visto, o nunca se detuvo a ver.

Fue ese color el que lo embriagó de sorpresa, admiración, silencio y quietud.

Los ojos fijaron la imagen. El color lo llevó hasta la profundidad de sus emociones. Sintió la humedad en su mejilla y cerró sus párpados a fin de perpetuar en la memoria ese azul y esa hora que no es noche, ni amanecer ni entrada la mañana...el azul y la hora del misterio, del silencio, de la vida que vive pero aún no se asoma.

Secó su lágrima, vació la pava y la llenó nuevamente de agua. Se preparó el mate, lo tomó mucho más temprano de lo que esperaba.

Pensó en la llamada perdida, dio las gracias y sin premura, amaneció.



Buenos Aires, 05 de abril de 2025

miércoles, 2 de abril de 2025

El viaje

El domingo se sumergía en la quietud de la tarde. Diáfano el cielo y cálido el aire, su cuerpo estaba tendido y su mente abandonada al silencio. Ya era pasado el mediodía, una hora sin hambre, ahogada ésta por los mates que comenzó a tomar a media mañana. Pasó la tarde, y sin consultar a nadie como habitualmente hacía, en especial a sus hijos, decidió viajar. En menos de media hora sacó los pasajes de ida y vuelta, reservó tanto el remise que la acercaría a la terminal como el que la llevaría hasta la tranquera.

No quería esperar más. El tiempo pasaba muy rápido, el mes se había escapado con la velocidad de los segundos, y los días venideros no le garantizaban la libertad para decidir cuando ir o cuando volver.

Esa noche, después de encontrarse con una amiga en un café cercano, el viento comenzó a correr con violencia, cayeron gotas redondas como pelotas, suficientes para empapar cuerpos y almas.

Se hizo tarde, aún así, se tomó el tiempo de llenar la valija con pocas cosas, las necesarias para tan sólo tres días, nada de ropa porque allá tenía tanto para usar en días de calor como de frío, ventaja de haber guardado con cuidado prendas ignorando los ciclos de la moda. Llevaba sí aerosoles, espirales y repelente para dar lucha a los mosquitos, que, según le habían contado, eran grandes como aviones, inocentes como ovejas y molestos como moscas; los que invadieron el campo no son transmisores del COVID, plaga que dañó tanto el cuerpo y la vida de los sobrevivientes.

El viento fortísimo y la lluvia la amedrentaron frente a la posibilidad de viajar con su amiga en auto cancelando todas sus reservas. No había pasado el tiempo suficiente como para espantar el miedo que el accidente le incrustó en lo más profundo de sus emociones. Habían sido muchos años de una convivencia aniquilada en un segundo violento; dos autos, una ruta y una ruptura trágica. No quería que el dolor y el duelo la dominaran, pero no pudo evitar el miedo.

Así fue como partió al día siguiente con pasajes y reservas a cuestas.

Llegó de noche, noche sin luna ni estrellas. El blanco de la tranquera fue la señal que el chofer identificó para detenerse en destino. Ella venía con su valija y su bolso distraída con pensamientos ligeros y punzantes.

Anduvo despacio por el camino de entrada arrastrando la valija sin poder ver el monte de eucaliptos velado por la oscuridad e intuido por el sonido de las hojas atravesadas por el viento.

Las únicas dos luces enmarcando la puerta le dieron la bienvenida. Entró a la casa a oscuras con el silencio por delante. Con la tranquilidad de haber llegado sin inconvenientes comenzó a desembalar y a ordenar. Una sensación en el estómago la interrumpió.

La heladera estaba prácticamente vacía, apenas había unas rodajas de pan conservadas en el freezer y frascos de mermelada de manzanas y de higos que abrió con cierta desconfianza. Sacó la tostadora, puso agua en la pava y sació el hambre con un té  con tostadas y dulce. Terminó de acomodar todo con el deseo de acostarse y descansar.

Encendió la luz del dormitorio, la cama estaba perfectamente tendida para dos. Se detuvo en el lado que da hacia la puerta, ese lado que ya no se abriría cada noche, ese lado vacío, un vacío que se acostó con ella, que la inundó en lágrimas y la ahogó en sollozos hasta que la oscuridad de una noche sin luna ni estrellas se apiadó de su alma y se la llevó con ella.



Saladillo, 02 de abril de 2025