tres ángeles nos cuidan y nos mantienen unidos. El cuarto, nos abraza y sostiene.
20 noviembre 2025
"Jugar con las palabras, atrapar imágenes, soñar, entrar en las sombras y nombrar sus contornos, dibujar el alma con letras, deconstruir el mundo y lo que vivo...escribir"
tres ángeles nos cuidan y nos mantienen unidos. El cuarto, nos abraza y sostiene.
20 noviembre 2025
Dentro del bosque no hay sendero marcado ni rumbo que indique un destino. El sol en su trayectoria es una pista cuando no se esconde entre las copas tupidas de los árboles. Los sonidos son señales, indicios que vienen del aire, de la hojarasca, de las madrigueras ocultas.
El bosque es misterio de incesante e imperceptible movimiento, de cantos repentinos y aleteos invisibles. Es el alma de infinitos latidos.
Cuando el viento o la tormenta lo recorren, las hojas se agitan en lo alto y lo que habita en tierra se eleva como si no tuviera peso. Todo él calla. Una única voz lo atraviesa tomando todas sus voces y marcando un único ritmo al cual obedecen todas las almas.
El bosque se deja atravesar.
La calma devuelve los sonidos propios, el movimiento incesante e imperceptible. Pero el bosque no es el mismo.
En tormentas y entre vientos, las almas callan, y como el bosque, renacen en infinitos latidos.
Buenos Aires, 22 de noviembre 2025
El tejido ha esperado meses sin avanzar en la canasta. Las agujas, aburridas de dormir en la oscuridad, añoran bailar al ritmo de su propio cantar enredando la lana a su alrededor.
Hoy salió a la luz, la luz fuerte de un sol de un mediodía caluroso.
¿Por qué esperar a este tiempo en que la lana y los abrigos se guardan entre lavandas y naftalina para evitar ser devoradas por hambrientas polillas?
No hay respuesta cierta más que la voluntad y el deseo de las manos tejedoras.
¿Qué fuerza despertó el deseo? ¿Qué hilos se agitaron para avivar la voluntad?
Tal vez fueron las horas acumuladas sin un hilo conductor, sin sentido, o quizá fue la necesidad de un abrazo (todo tejedor sabe que tejer es una forma de abrazar a la distancia; y los abrazos son fuerza vital en la soledad).
Bajo el sol insistente del mediodía, mira la canasta con ovillos de diferentes colores y la tira de nudos que sobresale de las agujas pidiendo continuar. La toma entre sus manos, sus dedos se hacen de la lana verde con cuyo hilado trazará los nuevos puntos.
Los ojos se concentran primero, luego la mirada se abandona y florecen los pensamientos. Ellos acompañarán el rumor de las agujas que ya son parte del silencio.
Tejer con las manos, tejer ideas, emociones, miedos y certezas. Se detiene, cambia el color de la lana, tejer los puntos, tejer cada momento, tejerse uno mismo.
Vagan los pensamientos mientras las agujas bailan su propia música...la memoria enseña que la vida en algún momento también decide detenernos, nos guarda, nos pone en la oscuridad, como las agujas cuando esperaron inmóviles.
¿Quién o qué nos saca a la luz nuevamente? ¿La necesidad imperiosa del abrazo? ¿Haber encontrado el hilo que da sentido al despertar? ¿Reconocer una meta, destino o destinatario hacia donde caminar? ¿Crear un nuevo diseño o aceptar el desafío del nuevo diseño?
Las manos se detienen, las agujas quedan apoyadas entre los dedos inmóviles, la mirada vuelve a estar atenta, pero ahora desplazada hacia lo lejos, a un horizonte lleno de preguntas.
Baja la mirada, observa el tejido y la canasta de ovillos. En ellos se descubrió como si se mirase al espejo. Tejer y tejerse; tejer y tejerme.
Buenos Ares, 13 de noviembre 2025
las sombras se unifican dibujando una línea en el horizonte. Alli permanece contra el azul del cielo hasta que la devora para alimentar estrellas.
Buenos Aires, 07 de noviembre 2025
Vientre,
alma,
secreto.
misterio.
.
Hambre,
duda,
miedo,
engaño.
Centro,
borde,
escudo,
tesoro.
Vientre,
acto y palabra,
emoción y vida,
todo y nada.
Buenos Aires, 06 de noviembre 2025
¿Es la brisa tu palabra?
¿la mariposa tu alma?
¿ tu cuerpo el hornero?
¿ son tus ojos los que miran
desde esa nube en el cielo?
Canta el zorzal,
nada se mueve,
arrulla la paloma a lo lejos,
el alma en blanco, la perra quieta.
El aire juega con mi pelo,
¿ son tus dedos?
Miro y espero.
Buenos Aires, 05 de noviembre 2025
demasiado silencio imposible de quebrar, ni el tic tac del reloj ni las campanadas atraviesan las horas de un día sin palabras. Los sonidos inevitables de la brisa, de un zorzal o un benteveo apenas rompen instantes en el alma doliente y desierta.
El silencio se asienta, se hace carne, memoria y olvido.
Buenos Aires, 05 noviembre 2025
Todo lo abarca, absolutamente todo, todo lo que somos.
Toma lo que se le ofrece y lo hace suyo, el polvo del albañil, la grasa del mecánico, la harina del panadero, la tierra del agricultor, la tiza del maestro. Cada oportunidad la incorpora porque sabe que de cada una de ellas nos vamos construyendo. Como un manto sagrado, todo lo cubre, lo sana, lo atesora.
Cicatriza las heridas pero no las olvida, las deja marcar una huella, porque de esa huella se abren caminos.
Es el vínculo más genuino entre la vida y quien la vive, se estremece en el amor, se nutre en la ternura, es tibia en la caricia y también es la que sufre el ardor del odio, de la intolerancia y la violencia. Se ciñe con fuerza a los huesos del hambre y se aja en la desnudez del abandono.
Es mapa y camino de nuestras vidas. Basta recorrer los surcos, atravesar sus grietas, algunas apenas perceptibles, otras profundas en las que se hunden historias y misterios.
Si pienso en la tuya, que ahora descansa en la oscuridad, la mía se estremece, te busca, se entrega para que la hagas tuya, y así sentir tu calidez y el trazo de tus dedos dibujando ternura en mi mejilla, mis manos, mi vientre. Despertar la memoria de tus pasos en la mía, donde quedaron enredados los hilos de nuestros abrazos.
La piel es el manto que nos cubre, nos protege, es contacto y tesoro , es lo que queda de nosotros enredado en el otro.
Los laureles, Saladillo, 31 de octubre 2025
( para Silvia Rodriguez que disparó el título)
Si fuera ayer...
qué cambiaría?
nada
si fuera mañana...
qué soñaría?
nada
si fuera hace un año...
te abrazaría más,
te besaría más,
te sentiría más en la piel...
más alegría, menos miedo, todo perdón...
hace un año todo era vida,
hace casi un año
todo calló...
Los laureles, Saladillo, 15 de octubre 2025
Me miran, me espían, a veces sonríen, otras veces se dan vuelta como si no les importara, se esconden, juegan. Están en todas partes, aún si los percibo como si no. Me pregunto qué harán cuando duermo, si ellos también lo hacen; si se quedan en vigilia o si tienen un sueño que los vence.
Cuando camino por el monte ellos sacuden las hojas de los árboles y me empujan cuando no veo el pozo; vuelven a trepar entre las ramas como vigías de mis andanzas, de mi risa o de mi llanto. Cuando cae la tarde y me apoyo en la tranquera para ver el sol que se aleja tras los árboles hasta hacerse una delgada línea brillante, ellos están detrás mío, absortos también ante la belleza inevitable de cada atardecer.
Si preparo la cena, el almuerzo o el desayuno, se sientan a la mesa con su cabeza apoyada sobre las manos y me observan con la curiosidad de un niño imaginando travesuras; se ríen en silencio cuando se cae el pan, o me lloran los ojos picando cebolla o se me resbala el plato espumoso de detergente. Cuchichean de reojo cuando no encuentro la olla, o el cuchillo o los lentes. Son capaces de trepar a la mesa para embriagarse con el aroma del vino, o soplar la vela encendida cuando hay corte de luz. Aman corretear en la oscuridad y se divierten cuando tanteo los muebles para no tropezar.
Cuando no sé cómo hacer algo, ya sea reparar una cortina, cambiar un enchufe, elegir el clavo adecuado, usar una máquina de jardín, o conocer la herramienta precisa, ellos pacientemente observan, y soplan en mi oído las respuestas que no escucho ni entiendo, pero encuentro.
Son parte de una soledad que se niega a ser tristeza, me arropan cuando tiemblo ante el frío de una ausencia, recogen las lágrimas de un recuerdo, las juntan y las hacen riego para las rosas.
Si yo no estuviera, dónde estarían ellos? Sin ellos, tal vez yo sería un sueño y no existiera.
Poco a poco las ramas desnudas comienzan a vestirse como sabiendo que amanece más temprano y se alargan las sombras al atardecer. Se va dibujando un encaje verde y tímido. El horizonte agudo del invierno se suaviza con un follaje que se abre hermanando paisajes.
Permanecen algunos charcos que resaltan con su brillo acuoso, y los que ya fueron bebidos por la tierra dejaron tras de sí una alfombra verde, frágil y tierna.
La brisa es fresca, tenue y envolvente, caricia del aire, abrazo de una ausencia.
Las flores del azurero se abren atrayendo abejas y perfumando la brisa; las golondrinas volvieron con su vuelo veloz y su peculiar canto en tanto van construyendo el nido en algún rincón protegido.
Chimangos y teros, horneros, chiflones y cotorras, zorzales y palomas, entre todos orquestan sus voces llenando de música el silencio. El viento sopla y da continuidad a las notas.
Mañana de campo y primavera.
Los laureles, Saladillo, 02 de octubre de 2025
Sentada en la reposera al sol, piensa en que así producirá la vitamina D para la salud de sus huesos. De repente y con pausa inspira profundamente la brisa hasta sentir que el aire inunda todo su cuerpo, quita los pies de sus sandalias y los apoya en el césped. Percibe la suavidad del pasto recién cortado y se hunde como raíz en la tierra. Extiende su mirada hasta que sus ojos se hacen uno con el cielo puramente celeste, atravesando las hojas del roble prontas a abrigarla bajo su sombra.
Habrá transcurrido una hora o poco más.
En ese tiempo, los tres tiempos se hicieron uno, presente, origen y destino.
Todo se hizo en ella, y ella se supo parte de un todo, antes ajeno.
Los laureles, Saladillo, 01 de octubre de 2025
Cuando el cielo se viste con su armadura metálica, el verde se intensifica y el césped se asemeja a un campo sembrado de esmeraldas.
Son tonos vibrantes, contundentes, subyugan y la mirada no puede dejar de admirarlos.
Sale la máquina de fotos y se dispara una y otra vez el obturador, se cambian parámetros, la ISO, la velocidad, la apertura del diafragma, es difícil plasmar con la mayor exactitud los colores del momento, la intensidad del instante.
Se escucha entonces un golpe fuerte sobre el techo de la galería. El dedo abandona el obturador y la mirada se eleva. Se repiten los golpes, cada vez más fuertes, no dejan silencios, hasta hacerse ensordecedores y obligar a resguardarse.
El granizo cubrió la superficie con violencia, arrancó flores, perforó hojas, venció arbustos.
Dejó tras de sí una caída de agua intensa y permanente que amainó recién bien entrada la noche.
¿ Qué será de los sembrados, de la huerta, de los azahares?
Hoy, se inicia la primavera...Suena apropiado el concierto de Vivaldi.
Los acordes devuelven la fe en la tierra.
Los Laureles, Saladillo, 21 de septiembre 2025
Tormentas, viento, ráfagas que ahuyentan a la primavera tan deseada, El agua no cesa de caer...
Fueron tantas las súplicas en tiempo de sequía...no las olvidamos. Suplicamos con vehemencia la caída de lluvia porque ya no soportaba más la tierra reseca...suplicamos mientras continuamos agotando recursos, depredando y consumiendo sin medida... sequías e inundaciones son parte de los ciclos naturales, de la sabiduría ancestral del universo, los ciclos que la tierra sabe para sostener el equilibrio que mantiene la vida, ciclos que estamos alterando poniendo en peligro nuestra vida, la de todo ser vivo.
Me asustan las consecuencias de nuestro estilo de vida vertiginoso, individual y desenfrenado.
Este mediodía, escuchando al viento, en un entorno pintado de gris y temiendo por la estabilidad de los árboles añosos, pongo en estas letras lo que siento.
Truena afuera, también adentro.
Los laurelkes, Saladillo, 20 septiembre 2025
Otro día gris. Se adelantó la lluvia, se posterga la plantación de los frutales y el corte del césped.
Temprano la mañana apenas permitió recoger algo de lechuga y un poco de acelga. Verdura fresca para una ensalada o una tortillita acompañando al mediodía que se va acercando.
Hace fuerza el sol y ya casi siendo las dos de la tarde el cielo se aclaró y la luz ahora toca cálida cada rincón, cada charco, cada hoja.
El tiempo permitió que llegaran las plantas nuevas. Aún esperan en sus macetas, llenas de azahares que perfuman la cercanía.. Los quinoteros trajeron de regalo un par de frutos de color intenso. Todo brilla y aromatiza el alma.
Agradezco a cada una y le doy la bienvenida. Les pido que sean generosas con sus frutos y confío en la tierra.
El perfume de los azahares me trajo nuevamente la imagen del sueño insistente del hombre de campera azul y gorra repartiendo frutas que su mujer acomodó en una canasta en la cocina que huele a naranjas y mermeladas.
La nostalgia se acurrucó junto a la gratitud.
Quedó muda la tarde, con su sol, sus flores y su esperanza.
Los laureles, Saladillo, 18 septiembre 2025
Húmeda la mañana pasa silenciosa entre el canto de chimangos y palomas lejanas. Florecidos ya los ciruelos, duraznos y damascos aparecen las brevas y se adivinan los brotes del manzano.
La huerta está verde de lechugas, acelgas, puerro y perejil, se asoman con fuerza los plantines de tomates, ajíes, zapallitos y maíz. Germinan los zapallos.
Es el tiempo en que crece la espera de lo que fue trabajo arduo preparando la tierra y la siembra.
Es el tiempo del cuidado, de la admiración ante cada brote, de la lucha contra la maleza.
Es la primavera húmeda, también tiempo de recrear proyectos, sembrar nuevas plantas para en un futuro compartir cosechas...naranjas, pomelos, mandarinas, limones y quinoteros...
Tiempo de sanear ramas y hojas invadidas por intrusos oportunistas que amenazan la producción y la riqueza de una tierra en su permanente entrega.
Llega la tarde con una resolana triste, tan húmeda como la mañana; el césped y las hojas parecen lagrimear, encharcado uno, escapando de los hongos las otras.
La primavera lucha para instalarse en las tierras anegadas por las intensas lluvias que acecharon y las tormentas interminables... hasta los canales se estremecen cuando en ellos se refleja un cielo gris o les cae una llovizna presagiando nuevamente un temido desborde.
Pero aún así, florecen margaritas y lavandas, porque es el tiempo del brote, del crecimiento, de la espera para las nuevas cosechas.
Así en el alma como en la tierra.
Los laureles, Saladillo, 17 de septiembre 2025
Esta poesía, la escribió una poeta, pero sobre todo amiga de Ramiro para el 13 de septiembre de 2025, fecha en que hubiera cumplido 70 años.
Prometí subirla para compartir ese mismo día, pero no pude...Hoy la comparto con todos los que quieran saber de Ramiro, un hombre sencillo y maravilloso, pero mejor, que sea Margarita Zubizarreta quien lo diga:
13/09/25 - 70 años de Ramiro - Entre invierno y primavera es existir...
Paso largo,
ágil,
compañero.
Siempre a tiempo,
siempre atento,
al servicio,
a la gauchada.
Tendiendo la mano,
solidario.
Feliz en la amistad sincera,
en el fogón,
el vino
y la guitarra.
Mateando temprano,
mano en el hombro.
La leña justa
arrimando a la rueda.
Ramiro sabe lo que falta
y lo que sobra.
Trabaja,
repara,
construye.
Sostiene.
Feliz en los viajes
y en los movimientos.
Feliz en el descanso,
hogar y refugio.
Sincero y sin dobleces.
Roble bueno.
Ramiro con nosotros,
nunca ausencia.
Margarita Zubizarreta
Gracias también a Andrés Bertazzo, amigo saladillense, que la llevó al aire en su programa radial de los sábados (Síncopa)
Hay un farol, sólo un farol sobre la pared borravino, ilumina poco, apenas a su alrededor la luz bordea su contorno; y sin embargo, brilla en la oscuridad.
Los laureles, Saladillo, 25 agosto 2025
Soy luz,
alma,
piel,
y soy sueño...
Soy cielo,
aire,
tierra,
y lluvia...
Soy dolor,
caricia,
amor,
llanto y alegría...
Soy silencio,
canto,
suspiro,
aliento y melodía...
Soy todo,
soy parte,
de un todo,
con todo,
y con todos.
Los laureles, Saladillo, 11 de agosto de 2025
Suenan los acordes de un violín mientras se despeja la niebla. El gato acurrucado entre las piernas levanta la cabeza, busca un mimo y vuelve a apoyarse sobre el brazo inmóvil del anciano. Sentado en su viejo sillón, algo vencido y de tapiz ajado, deja que su mirada celeste se pierda a través de la ventana. Sus manos descansan sobre el suave pelaje de Sirio que duerme en su regazo. Arrugadas por el tiempo, cada marca es una historia, una época, un trabajo, un sufrimiento, mil caricias que dibujan el mapa de su vida, sin papel, sin lápices de colores ni tinta. El sol, que por ahora es una línea breve y delgada en el horizonte, los ilumina y apenas los abriga. Pasa un chimango, con su vuelo corta por la mitad el paisaje tan quieto y arranca con sus alas los pensamientos, vuelven los recuerdos y el anciano sonríe. Los acordes del violín callan, es hora del silencio, de la memoria, del adiós al horizonte, a la niebla, al sol que crece, y de viajar a las estrellas. Sirio levanta su cabeza, se acurruca, y viaja junto al viejo.
Los laureles, Saladillo, 10 de agosto 2025